CARTA DESDE EL MANICOMIO

No sé si esto es real o no, de hecho, ya no logro distinguir entre la fantasía y lo que no lo es; mis manos tiemblan, no te imaginas cuánto y mis dedos están tan encorvados que a duras penas logro escribir. Pero mírame, acá estoy y no me detendré.

Un día hace ya bastante tiempo, algo muy raro sucedió cuando dormías.

Te digo que hoy, luego de tantos años recluido dentro de estas cuatro paredes me es necesario escribirte lo que vi y contarte por fin lo que en verdad ocurrió. Te confieso que siento miedo y perdóname por involucrarte de nuevo con estos recuerdos, pero era necesario escribirlo.

Sé muy bien que nunca me perdonaste y ahora me entero que ya no podrás. Me abandonaste en este pútrido lugar. Sin embargo te estoy escribiendo amada hermana, ¿porque sabes?, siempre fuiste eso para mí. Nunca te olvidé.

Cincuenta años han transcurrido, son muchos días, demasiadas noches con horrendos sobresaltos y horribles pesadillas. Literalmente estoy pudriéndome, la sarna se ha esparcido por mi cuerpo sin piedad, como si tu dios, ese mismo al que le orabas suplicando que algo sucediera, en el que siempre creíste fervorosamente, se hubiera ensañado a propósito con el padecimiento de un pobre demonio como yo.  

Mi razón está a punto de perderse, la locura me abate y con el alma ya podrida no soporto más ir recorriendo pasillos, de un lado al otro, tropezando, mirando al vacío, lamentando el tiempo, suplicando porque esto termine ya. Los recuerdos cada vez más confusos se agolpan en mi cabeza como torrentes de agua maloliente, ¡y duele, duele mucho!, porque ya no siento latir mi corazón, ¡y sí!, me gusta pensar que le oigo, y él me oye... pero sé que ya está muerto.

La necesidad de escribirte, con la esperanza de que algún día leyeras esto siempre me irritó, y hoy, a pocos segundos de mi muerte te escribo estés donde estés.

No sé si esto es real o no, de hecho, ya no logro distinguir entre la fantasía y lo que no lo es; mis manos tiemblan, no te imaginas cuánto y mis dedos están tan encorvados que a duras penas logro escribir. Pero mírame, acá estoy y no me detendré.

Han dicho que dentro de poco podré irme de este nauseabundo sitio pero me resisto a creerlo, muchas veces he oído lo mismo y pasan los días y los años y no sucede nada, así que esta vez soy yo quien decide no quedarse.

¿Recuerdas esa noche cuando te desperté? ¿Cuando te susurré al oído que ya todo estaba solucionado?

Esa noche hermana mía juré que nunca nadie volvería a ponerte un dedo encima, ¡porque solo yo en adelante tendría ese derecho!, cuando hice que murieran nuestros padres fuiste mi única compañía, así que perdóname por haberlo hecho, por haber abusado de ti tantas veces, por el dolor que te hice pasar, por ser quien fui, por haber sido esta clase de hermano. También te pido perdón por hacer que te quedaras sola en este mundo conmigo a tu lado, eras muy pequeña, indefensa e inocente. Debía cuidarte, y solo conmigo estarías a salvo.

Pero fallé.

Y fallé de tal manera que decidí acabar con mi vida, intentando resarcir un poco el daño que siempre supe que te hacía pero que nunca, no sé aún por qué razón… lograba detenerme.

Perdóname hermana mía. Me uno a ti ahora en muerte, como lo estuve en vida. 

Paz en tu tumba, ahora que me entero que ya no estás.


LETRARIUM

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