Reflexiones en situaciones un tanto complicadas

Reflexiones en situaciones un tanto complicadas Salto al vacío

En el día de hoy os propongo dar un salto al vacío. Ya ya sé que estaréis pensando, pero Eugenio te has vuelto loco, como vamos a dar un salto al vacío. Bueno y si os dijera que un hombre decidió saltar al vacío y sin paracaídas para confiar en la seguridad de una red de 30 x 30 metros. Podrías pensar que se trata de una película de James Bond, pero en realidad esto ocurrió en el 2016 con un arriesgado o alocado llamado Luke Aikins el cual realizo un salto de 7.600 metros desde un avión para acabar aterrizando en esa gran o no tan grande red para frenar su caída. Os imagináis 2 minutos de caída libre y pura incertidumbre. Vida o muerte, todo a una sola carta. Una teoría a la llamada al vacío proveniente de Adam Anderson, un neurocientífico cognitivo de la Universidad de Cornell, nos dice que es más probable que las personas se arriesguen cuando la situación es mala porque quieren evitar el posible resultado malo al apostar contra ella. Independientemente de si queremos o no realizar ese salto real o metafórico, en ciertas ocasiones en la vida no nos queda más remedio que apostar. Pocos segundos para tomar una decisión, cara o cruz, será lo correcto o me equivocaré, la adrenalina se dispara, no queda más tiempo y toca salir o retirarse. En mi caso en una ocasión tuve que enfrentar mi salto al vacío. Me encontraba conduciendo mi pequeño y viejo vehículo en una carretera de puerto de montaña en sentido de bajada. Cuando al salir de una curva con poca visibilidad, de repente me encontré con un gran número de vehículos completamente parados, por lo que en fracciones de segundos tuve que tomar una precipitada decisión. Lo reduje a tan solo dos opciones. Frenar y el golpeo de los coches de delante más el de detrás el cual se acercaba peligrosamente y quedarme en modo sandwich/acordeón o salirme al carril contrario de subida con la posibilidad de un choque frontal. Que decisión verdad, la vida pasa por delante de ti. Finalmente cogí la segunda, la de salirme al carril contrario y de subida. Por suerte no venía nadie, me golpeo tan solo el vehículo de detrás. Este fue mi salto al vacío, que por suerte puedo contaros. ¿Y vosotr@s cuando habéis saltado al vacío o cuando os tocará?


Eugenio Carrero Puertas

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