Breve resumen de un blues incompleto y sin flores.



A veces te enfrentas a textos que escribiste, tejiste, hace mucho y los vuelves a escribir.

Como todas las tardes Ana llegó al edificio, bajó del taxi y se dirigió con pasos decididos a la puerta de metal, negra y pesada, con manilla dorada y finos detalles en acero, para abrirla y entrar a la fresca,¿la fría? oscuridad del vestíbulo.

Con la afilada precisión milimétrica que se adquiere al repetir y repetir los mismos pasos durante infinitas tardes que parecen ser más bien la imagen de un espejo reflejada en otro espejo reflejado en otro espejo, pasó de largo frente al elevador, que nunca tomaba, y subió las viejas escaleras señoriales que la hacían recordar un sueño recurrente, también repetido, que no podía definir con claridad pero acechaba cada noche desde encima del ropero.

Tres pisos, ciento veintinueve escalones, cuatro pasillos, trece puertas y un sonido cada vez más claro, cada vez más nítido, cada vez más insoportable. Con esa rasposa voz electrónica que sólo pueden pronunciar las bocinas de una vieja radio de onda corta sintonizada en una estación de blues. Departamento 314. Alguien baila, ¿llora?, allá dentro.

Ana no sabe quién es, no sabe por qué este edificio, por qué el departamento, por qué todas las tardes, por qué la música, por qué. Pero a pesar de sus dudas, como todas las tardes, presionó decidida el timbre con el índice de la mano izquierda y con la certeza de que nadie acudiría a la llamada; la música seguiría sonando y ella permanecería quieta, atenta, lista, como una alarma de auto a punto de reaccionar al primer movimiento sospechoso.

Transcurrieron los minutos como sombras de ventanal sobre un piso cuadriculado en blancos y negros. Un perezoso tablero de ajedrez en el que nadie ha celebrado una partida durante siglos y se mantiene a espera.

Bajó decepcionada por las escaleras, llegó a la planta baja, caminó frente al elevador y se acercó a la puerta de metal. Como todas las tardes, tiró de la manilla para abrirla y salir a la calle precisamente en el mismo momento en que la puerta del departamento 314 se abría.


juanjo Junoy

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