Luciernagas de Seda

La verdad es que no recuerdo exactamente cuando fue que lo conocí, ni tampoco cómo, y es que su entrada a mi vida fue de esas que no esperas y de eso si puedo estar seguro. Una entrada confusa, sin fecha exacta. Entre momentos que pasan y recuerdos que quedan, el se quedó, de una forma

La verdad es que no recuerdo exactamente cuando fue que lo conocí, ni tampoco cómo, y es que su entrada a mi vida fue de esas que no esperas y de eso si puedo estar seguro. Una entrada confusa, sin fecha exacta, aunque seguro la hay, pero no puedo recordarla. Entre momentos que pasan y recuerdos que quedan, el se quedó, de una forma unica. 

No es fácil explicar los sentimientos que me atraviesan el cuerpo cuando estamos juntos, o cuando pienso en el, ni mucho menos lo que pasa cuando se va. Es mucho mas que un simple amigo, incluso mucho mas que una pareja, pero nunca acaricie su cuerpo por debajo de la ropa, ni probé el sabor de sus labios bajo una sonrisa, tampoco me puse celoso aquella vez que Jeonghan lo invito a salir, aunque decir que no hubiese querido hacer todo eso en algún momento sería ser un hipócrita. A veces me quedo viendolo con la curiosidad de cómo se sentiría hacer esas cosas con él, pero cuanto más lo miro, más prefiero quedarme simplemente acostado entre sus brazos, sin hacer nada mas sentir su corazón dandole vida, porque eso es lo que me hace sentir. 

 

- Hace años que nos conocemos, pero es la primera vez que viajamos juntos. Como puede ser eso? 

 

- No lo se, pregúntate a ti mismo por qué nunca me invitaste a tu casa de campo en todo este tiempo. Por qué razón no me ofreciste llevarme a una casa en medio de la nada, rodeado de naturaleza, aire puro, silencio del mas silencioso y un cielo sin un gramo de contaminación lumínica, aunque ya sabías lo mucho que amo todo eso y lo tanto que detesto el lugar donde vivo? Sos el unico que sabe la respuesta. - habíamos salido a la carretera cuando aún era de noche, asi que miraba por la ventanilla del auto con el sueño pesandome en los ojos.

 

- Creo que no me sentía preparado. 

 

- Preparado para que? Tenes fotos vergonzosas de tu infancia en todas las paredes como en las películas y no queres que me entere que te disfrasaste de pino a los 8? 

 

- Sería una opción. Pero en realidad siento que podría caer en la tentación de secuestrarte. Nadie escucharía tus gritos pidiendo ayuda y nadie te va a ver entrando conmigo. Sería el lugar ideal. 

 

- Y ahora se supone que te sentís lo suficientemente fuerte como para luchar contra ese inminente y poderoso deseo? 

 

- No puedes saltar del auto en marcha, estamos en la ruta.

 

- No me provoques. Pero ambos sabemos que no saltaría, que no pediría ayuda, y que no me estarías secuestrando porque no me negaría a quedarme. Se te terminaron las excusas Junhui. 

 

- Bueno, al menos no van a ser necesarios todos esos metros de soga que olvide comprar.

 

Cuando la conversación terminó ninguno sintió la necesidad de llenar el silencio, porque no era algo incómodo entre nosotros, incluso a veces estabamos mas tiempo callados que hablando. Podíamos hablar de cualquier cosa, pero siempre terminabamos sin decir nada. 

El cielo apenas había empezado a mostrarse unos tonos mas claros que el negro, la calefacción me acariciaba las mejillas y Lord Huron sonaba en  los parlantes cuando con la cabeza apoyada en la ventana lo miré. Cerré los ojos y pensé que si pudiera pasar mi vida de una sola manera sería de esa. Sentado en el asiento de un auto, con la calefacción sonrojando mi rostro, la luz interna del auto encendida, la musica tranquila de fondo y con él en el asiento a mi lado. Pasaría cada día de mi vida viajando de esa misma manera, con él y el aroma del café y los tostados que preparamos a las 4am para desayunar a un costado de la ruta.

 

 

 

Llegamos a media mañana y nos pusimos manos a la obra, había que descargar las cosas del auto, limpiar, cambiar sabanas y hacer las camas, acomodar, y controlar que no faltara nada porque no pensábamos movernos de ahí en todo el fin de semana. 

Cuando terminamos nos dejamos caer en los sillones que estaban cerca de la entrada. La casa es dificil de describir, es hermosa, con algunos detalles elegantes pero sin dejar de tener ese aire de campo. Literalmente tenía la estructura de un granero con paredes claras que se contrastaban con el piso de madera oscura, un poco minimalista ya que estaba bastante vacío, y no sabía si era porque no había nadie viviendo ahí o si así lo querían. Se sentía como una hermosa casa de campo, pero no tenía la calidez que suelen tener, a pesar del hermoso hogar que estaba ocupando toda la pared norte, el cual había decidido hacer testigo del libro que leería sentado frente a él, le faltaba mucho calor a esas habitaciones. 

Estaba llena de ventanas hermosas que mostraban todo el verde que la rodeaba, y el cielo enorme que parecia fundirse con la línea de árboles que iban desapareciendo. Un ventanal que empezaba en el piso y terminaba acariciando el techo te dejaba ver la desnudes del ocaso, y aunque el cielo no se iría a dormir hasta despues de unas horas ya imaginaba lo que sería verlo desde el pequeño piso que descansaba sobre nuestras cabezas en ese momento. Y si digo pequeño es porque no era una planta alta, o media, como lo sería normalmente, sino que era mas como unos dos metros de piso que no sabría explicar como era que se sostenían en el aire, sin duda el arquitecto que lo hizo era muy bueno, o escondió alguna camara esperando ver el momento en que se venía abajo con personas y todo. 

 

- Sabes algo? Cuando esta casa les quedo a mis papas ellos se encargaron de arrasar con toda su escencia. Originalmente toda esta tierra, y mucho mas allá de lo que tus ojos podrían ver, le pertencian a un solo dueño. Tenía tantas hectareas y era todo tan grande que había decidido poner graneros en distintos puntos para tener donde guardar algunas cosas necesarias para el cuidado de la tierra. Mi abuela era una joven que se había quedado sola y cuando encontró el granero creyó que estaba abandonado porque no había ninguna casa al rededor, pensó que sería una buena idea quedarse ahí por un tiempo. Ella estaba embarazada de mi papa en ese momento. Te imaginarás que la historia no termina mal, estamos sentados aca asi que es la prueba mas pura de que asi es. Cuando el dueño la encontró la quiso echar, pero cambió de idea cuando se dió cuenta de que estaba embarazada. Le dijo que podía quedarse, que iba a regalarle algunas hectáreas con la única condición de que las cuidara y que nunca las vendiera. Al parecer el señor no tenía hijos y todas sus tierras irían a parar al estado cuando muriera, y con ella vió la posibilidad de que al menos una parte de lo que era suyo fuera el legado de alguien. Mi abuela se encargó de hacer de este lugar algo completamente suyo. Quiero devolverlo a como estaba en ese momento. 

 

- Tenes lindos recuerdos aqui?

 

- Pase casi toda mi infancia corriendo en esta casa, descansado en los almohadones de colores y soplando las plumas, telas o flores que colgaban de distintos lugares, como si nacieran de las paredes, o del aire. Ese piso que se apoya en el ventanal, mi abuela lo mando a hacer para ver el atardecer cada dia. Siempre estaba lleno de almohadones y mantas, nos sentabamos ahi, me recostaba en su regazo y mientras me cantaba una canción y me acariciaba el pelo con sus largas uñas veíamos como el cielo se iluminaba con los tonos mas calidos. Siempre me sorprendía la rapidez con la que el cielo se volvía negro una vez que dejaba de verse la luz dorada, y no había nada mas hermoso que buscar las primeras estrellas que iban apareciendo antes de que pasara eso. No podes imaginar lo que parecía todo esto en ese entonces, era mágico. Ahora es un granero de diseño que refleja lo que mis padres tienen adentro. Quiero devolverle la magia, la chispa sigue en el aire, hay que revivirla para que vuelva a iluminarlo todo. Y quizás mi abuela vuelva a caminar descalza con sus largas polleras por este piso, al menos espero que pueda hacerlo desde ese plano del que siempre hablaba sin cansarse, me encantaba escucharla hablar de esa manera.

 

No tenía idea de que su infancia había estado tan llena de almohadones de colores y atardeceres tan mágicos, ni lo imaginaba de esa manera tampoco. Pero había muchas cosas que no sabía de él y era hermoso poder descubrirlas poco a poco. 

 

Entre una historia y la otra nos quedamos dormidos en los sillones. Cuando desperté estirar las piernas fue el primer desafío, hacerlas funcionar, el segundo. Ya había oscurecido, pero estabamos en otoño asi que eso no significaba que era de noche exactamente, podían ser las 19hs sin ningún problema. Jun seguía durmiendo y por la posición en la que estaba supuse que iba a tener el mismo problema que yo cuando despertara, sólo que no sentiría los brazos y probablemente le costaría volver a  levantar la cabeza por un rato. 

 

 

En ese momento sentí que estabamos solos en el mundo, el silencio me llamó y sin pensarlo salí por la puerta. Mis pies descalzos acariciaron la hierba humedecida por el fresco roce que el rocío le regalaba, con cierta ternura sosegada, en medio de la noche temprana, con un amor que fue declarado ante la mirada ajena de las rapaces, que se volvían testigos apenas las copas de los árboles se teñían de negro y todo lo que se hallaba por debajo de ellas se convertía en sombras descoloridas, y mientras el cielo bailaba en tonos de brezo y no me olvides.

Un paso seguido de otro, los árboles salpicados por la noche me miraban como gigantes amables y yo buscaba una luna que se negaba a aparecer. Sentado en una acogedora silla que había a un lado de la puerta observé el firmamento. Me devolvió una sonrisa burlona, una luna de mentira que me miraba juguetona con sus bordes mal dibujados y una sonrisa exagerada. De la misma manera, traviesa e infantil, desapareció. Como si tuviese pequeñas piernas que escondía detrás de las estrellas para que la llevasen donde ella lo pidiera. 

De pie nuevamente me adentré en el mundo mágico de aquellos gigantes que me invitaban a soñar con ellos, donde sus largas o encrespadas cabelleras brillaban en los tonos de las claras aguas de Islandia, y yo buscaba el nacimiento de esa enorme luciernaga glaciar que se escondía de mis ojos. 

Y la vi... Por fin la ví. 

Hecha de cuarzo y plata mostraba su rostro mas etéreo, tan completa y majestuosa que incluso el cazador se noto intimidado y decidió cubrirse con la seda de la noche. No podía dejar de verla, de rodillas sobre las amantes olvidadas de aquellos gigantes, húmedas y colonizadas por el ciclo de la vida, solté, en interminables suspiros, pequeñas lágrimas que no tenían explicación. Quizás eran a causa de la belleza infinita que tenía delante, quizás por la sensación de estar al borde del vacío, flotando en la nada cosmica que no conocemos, o quizás era porque una pequeña parte de mi sabía que semejante maravilla jamás sería mi realidad.

En medio del silencio melodioso reconocí su voz, tierna y oceánica, clamando mi nombre. Y al igual que las hadas cuando alguien descubre su verdadero nombre, me convierto en su esclavo cuando el mío se desliza danzante por sus labios. 

El hechizo se rompió para darle lugar a uno nuevo, más bello, más fuerte. Giré hacia la izquierda y lo ví parado en el arco de la puerta, buscando mi mirada, preguntándose qué era lo que hacía afuera en medio del frio del otoño. 

 

-Minghao.

 

La noche se encendió en su sonrisa y se apagó en el cielo. Busqué en aquella seda oscura, que ahora se hallaba salpicada de diminutas luciérnagas muertas, custodiadas por el gran cazador, pero solas en su mas profunda realidad, y la luna se había ido. Quizás jamás habia estado allí en realidad. 

 

- Que haces afuera? Hace frío. - Si, cuando lo mencionó noté que hacía bastante frío.  Y allí estaba, parado a unos cuantos metros de distancia, con su fina sonrisa y la postura de un principe. 

 

-Quería tomar un poco de aire. Aunque me llevo mucho más que eso. - pasaron segundos desde que lo dije hasta que me arrepentí de haberlo hecho. Pero no se si fué la emoción en mi voz o si el reflejo de aquella luna aún se encontraba vivo en mi mirada, su expresión divertida me pidió que le dijera más. No estaba preocupado, horrorizado o enojado, sólo interesado. Y yo había pasado la vida entera esperando por esa mirada. 

Me quedé mirándolo, la manera en la que el sueter dibujaba una V perfecta al rededor de su cuello y exhibía, arrogante, la nuez de Adán que acentuaba cada una de sus líneas. Líneas que te guiaban a la orilla de sus labios, labios que parecían haber sido diseñados para un angel. Y seguí mirándolo hasta caer en la linea donde el sueter se perdía dentro del pantalón negro, y me hizo pensar en que los colores del otoño se fundían con peligrosa naturalidad en su piel, mientras sus ojos destellaban hermosos paisajes cálidos de primavera. Él decía que mi presencia era como la fresca brisa que sopla luego de una lluvia, pero en ese momento sentía que el mismisimo invierno me había congelado desde dentro. 

 

- No vas a seguir hablando? - bajé la mirada porque me dió vergüenza pensar que tal vez si le contara su mirada ya no sería la misma. Pero no había sido el miedo lo que me había llevado hasta esa noche, ni a ningún lugar en toda mi vida. Estiré el brazo y deslice el índice por detrás del cinturón, jugué unos segundos con el borde de su pantalón y me acerque a él mientras sentía sus ojos posados en mi.

 

- Que te parece si entramos primero? - pasó su mano por mi cintura hasta llegar a la parte baja de mi espalda.

 

- Que te parece si vas a buscar una manta mientras yo preparo un té? Hay un pequeño piso arriba que tiene la vista ideal para hablar toda la noche. Lo llené de almohadones por la tarde. - besó mi frente y supe que sus brazos habían sido tallados por esos viejos gigantes, que tanta sabiduría poseen y tantos abrazos han de guardar en esas agrietadas cortezas, para que encajaran a la perfección en las curvas de mi cuerpo, y sostuvieran los aludes de mis emociones. 

 

Él simplemente supo que lo que habia dicho y hecho no eran suplicas provocadoras, sino gestos de una intimidad cálida y silenciosa. Esa clase de intimidad que te lleva a dormir abrazado sin pensar en nada mas que en el latido lento y pausado, esa intimidad que se lleva todos los miedos y ansiedades, para dejarte la calma y una calidez tan pura que derretiría icerbergs enteros.

 

El suelo cubierto de almohadones nos sostuvo mientras nuestras piernas compartían el calor de una manta y nuestras manos le robaban la calidez a una taza de té. Cada uno con la espalda apoyada en una pared distinta, estabamos frente a frente, y por primera vez no hubo tiempo para silencios. Quizas el hogar no sería testigo de la historia que mi libro quería contar, pero por alguna razón preferí y sigo prefiriendo ver el reflejo del fuego en su piel, atenuado por la distancia, que verlo vívido en el reflejo de las blancas hojas de un libro que me cuenta mucho menos de lo que me dicen sus ojos.


Moon Akkiumy

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