Dante, el infierno prometido

Uno de los gremios se prepara para el plan de Nuevas Fronteras. A su manera, piensan que tendrán éxito.

III

 

La fila avanza y los jóvenes semidesnudos se adentran en la enfermería. Docenas de chicos, entre los quince y veinte años, de diferente tez, raza, tamaño y cuerpo, esperan en silencio. Ignoran lo que sucede a su alrededor.

Rodeados por docenas de hombres con extremidades robóticas, jaulas de animales vacías, que las llevan en una cama con piernas robóticas, y la suciedad impregnada en cada rincón, que libera un hedor de sudor, sangre y otros olores que se esconden entre los más penetrantes.

Los descalzos pies de los muchachos se resbalan. El gris metálico apenas se nota entre tanto revoltijo de colores. Líquidos rojos, verdes, amarillos y demás tonos se escurren por las paredes, gotean del techo y se estancan en algunos rincones. Moscas y mosquitos pasan zumbando cerca de sus oídos, algunos rugidos se escuchan, posiblemente alguna bestia en alguna habitación cercana, y el llanto de alguien, por el tono, de una mujer o de un pequeño niño.

Los hombres a los alrededores les gritan a los jóvenes. No solo insultos, provocaciones, alguna descripción de lo que les harán o pasarán; proposiciones y burlas por su fisonomía delicada. Algunos tiemblan con los comentarios, otros sonríen y unos pocos permanecen con la mirada hacia el frente, inmóviles hasta el momento de avanzar.

–Demasiada carne de cañón –dice un hombre que mira la imagen enorme, que se proyecta en la pared, desde su escritorio.

La habitación es pequeña, oscura y solo con un escritorio. Detrás de él, la pared, aparte de los videos de seguridad de todo el complejo, proyecta una serie de nombres junto con el estado en el que se encuentra: vivo, muerto o incapacitado.

El hombre es un ciborg que viste un traje militar gastado de manga larga, con varias condecoraciones. No tiene ojos ni la tapa de su cráneo, todo ha sido sustituido por metal y circuitos. Gira en su silla, pone sus dedos metálicos en la superficie del escritorio e inspecciona los documentos que se proyectan frente a él.

La puerta se abre.

–¿Ya está todo, Ulit? –le pregunta sin mirarlo.

–Detesto ese visor.

–Es de lo más útil.

–Pensé que era ilegal porque tiene un sistema de pirateo cuestionable y que puede ver a través de todo.

–Por eso es perfecto. –Desaparece los hologramas con su mano izquierda–. Aparte me ayuda a leer y comprender sin perder el tiempo.

–Coronel…

–General, Ulit, General. Si esos idiotas me degradaron por el bien que le hice a la Federación, no me importa. Yo sigo siendo El General Darlit Román López.

–Lo que usted diga, General –una silla desciende frente al escritorio. Ulit se sienta y mira los monitores–. ¿Cuántos son?

–Hasta el momento. Trescientos nuevos reclutas.

–Increíble que siga siendo su método de reclutamiento, los demás gremios…

–¿Los demás gremios? Te refieres a los otros once gremios, porque el resto son pretextos para mandar a sus hijos a lugares fantásticos, sin desembolsar más dinero.

–En eso tiene razón, pero la calidad de muchos de esos gremios es mucho mejor que la nuestra.

–Tenemos computadoras para la mayoría de las cosas. No necesitamos tanto.

–Está bien, no hablaré del tema. Aun así, aceptar a cualquiera de cualquier lado es peligroso. Tenemos gente de la Federación, del Imperio y del Reino. ¿No cree que se maten?

–Cuando el peligro está frente a ti, o confías en que el otro será una buena carnada o un buen apoyo, dependiendo de cada quien. Aparte, todos son despreciados por sus naciones. La mayoría vienen de las reservas, de los territorios de tercera y cuarta, o criminales que deben pagar así su deuda.

–La basura de la basura. Sin nada que perder… Eso también es peligroso.

–Bueno, Ulit, aparte de la basura de siempre, ¿de qué más quieres hablar?

–La información de la misión.

–Sí, ya me comuniqué con Terly. Me mandó los datos y los videos. Será una batalla memorable. Preferiría a mis chicos en la batalla, pero el botín de la estación podría colocarnos en la cima de los gremios.

–No tenemos nadie que ayude con la recolección de datos. No sabemos que tan avanzado sean sus protocolos de seguridad.

–Para eso están los drones de pirateo.

–Si las naciones se enteran que…

–No somos los únicos que tenemos de esos drones, y las naciones lo saben.

–Aún así, debes…

–La ventaja de esos dispositivos es que son de almacenamiento. No se pueden hackear a distancia ni sacarle información. Por eso los prohibieron. Muchos se equivocaron a la hora de recuperar sus datos y estallaron.

–Provocaron muchas muertes en todo el mundo.

–Así que no hay peligro. Entrenaremos a uno que se enfoque en extracción de información. Tenemos lo suficientes recursos para eso. En caso de que haya peligro, solo necesita equivocarse y los sistemas de seguridad se activaran.

–Está bien –mira el monitor–. Estos no son los que vamos a enviar.

–No. Son el reemplazo de los que perderemos.


Hugo E. Valdez González valdez

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