Danté, el infierno prometido

La explicación no es suficiente. Sin embargo, ¿quién son más listo? ¿Los que se conforman con la mentira o la verdad?

El hombre recorre el pasillo sin prestar atención a las personas que inundan el lugar. El corredor de grises paredes alberga un sinfín de científicos, militares y artefactos extraños. El techo plateado proyecta diversas imágenes, acompañadas por una breve descripción de cada una, y el inmaculado piso rojo resalta las cosas que caen por descuido.

–Terly –se detiene y se vuelve. El representante, que miraba desde lo profundo de la sala, lo alcanza.

–Ulit, ¿qué es lo que quieres?

–Puedes engañar a ellos, pero a mí no. ¿Qué les estás ocultando?

–¿Por qué crees que es así?

–Estoy seguro que las naciones prefieren que haya una discreción total sobre el incidente. Si decir que no hay datos es mejor que la verdad, entonces es más grave de lo que quieren aparentar.

–¡Maldición, Ulit! –lo toma de la solapa y lo lleva hasta una pared. Lo mira un momento, luego hacia un lado–. Sígueme rápido –lo suelta y caminan.

Dan unos cuantos pasos hasta que una pared se abre, ambos entran. El pequeño cuarto es blanco con una plataforma dorada. Ésta sube cuando ambos están a la mitad del lugar.

–Hay datos preocupantes sobre lo sucedido. Diversas criaturas salen en la oscuridad, hordas que devoran y destruyen todo lo que hay a su paso.

–¿De cuántos?

–Miles por lo que se puede apreciar –se detienen frente a una puerta de madera. Terly abre y entran a la habitación.

Es una oficina llena de animales disecados, un monitor que tiene diversas imágenes, una mesa de operaciones, docenas de servidores que despiden una luz blanca y, en el fondo, un escritorio frente a una enorme venta que deja ver el mar y toda la flora de los alrededores.

Varias plantas aromatizan el lugar. La frescura del verano viaja por toda la habitación gracias a los ventiladores y algunos aspersores, pequeños y en diferentes lugares, mantienen húmedo el lugar

–¿Qué más? –caminan hacia el escritorio. Dos sillas se alzan del suelo, uno detrás de la mesa, la otra, enfrente.

–Son como enjambres. Se componen de diferentes animales, con características aterradoras.

–¿Qué les hizo el puesto de avanzada?

–Nada –toca la superficie y se muestra una grabación.

El sol oscurece y la imagen tiembla. Se ven a los hombres encender luces y continuar con sus labores. Unos minutos después, la alarma suena justo cuando el sonido de disparos inunda el lugar. En ese momento, la cámara se eleva hasta lo más alto, mostrando todo el panorama del asentamiento.

De ambos lados, cientos de criaturas destruyen todo lo que encuentran a su paso. El video cambia a modo nocturno cuando todas las luces han desaparecido. Esas criaturas combaten sin detenerse, despedazando a su contrincante, aplastando los cadáveres de sus aliados y llegando, a veces mutilados, al siguiente oponente.

–Ellos solo estaban en medio –se ven miembros volando, armas destruidas y diversas explosiones–. Son tres días de batalla sin cuartel. Parece que sus números no tienen fin. Unas horas antes de que las luciérnagas volvieran, todo se limpia y desaparecen.

–¿Nos envías a una zona de guerra continúa?

–No es solo eso –la proyección cambia a una cadena de ADN–. Se cree estos animales pueden proporcionarnos tecnología de modificación de genética.

–¿Por qué?

–Al explorar el espacio cercano del planeta, se descubrió dos cosas: no es nuestra galaxia y es posiblemente un mundo modificado genéticamente hace… millones de años. –Una estación espacial orbita sin rumbo. No hay luces y las puertas del hangar están abiertas. La imagen se adentra para mostrar el perfecto estado preservación de la estación–. Mientras unos están en el planeta, otros irán a la orbita a extraer todo lo que se encuentre.

–Eso tomará más de un mes.

–Por eso hay que aguantar. Veintiocho días para preparar todo y otros para recolectar lo que se pueda. Es una misión a gran escala, que dejará millones en unidades de ganancia.

–¿Por qué me cuentas todo esto? –Se acomoda en su silla. Un puro desciende junto con un encendedor.

–Sé que no serás el único que vendrá exigiendo la verdad –lo enciende. Inhala lentamente y saca el humo–. Posiblemente, cuando los representantes les informen a sus directivos, varios vendrán.

–¿Dos equipos?

–Correcto. Los que se conformen con la explicación que di hoy, explorarán la superficie en busca de información que ya hemos recolectado. El resto irá arriba, a obtener el botín.

–¿Qué hay de las naciones?

–Apoyarán a los dos grupos mientras levantan las posiciones de defensa. Si estás cosas vuelven a atacar, necesitamos toda la ayuda posible.

–¿Tan temidas son?

–Lo que viste es una grabación a medias. Antes de saber cuántas hordas hay, algo destruyó los drones desde el aire. Este planeta es un pandemonio. Podemos suponer que es una lucha constante en tierra, aire y mar.

“El planeta es diez veces más grandes que la tierra. Mares profundos, montañas imponentes y por lo que hemos podido recolectar –la imagen cambia a un desierto donde hay inmensos huesos–, hay colosos. Más de los que hemos podido imaginar.

–¿Tenemos la potencia para enfrentarnos a esas cosas?

–Lo descubriremos. –Apaga la proyección.

–¿Descubriremos?

–Iré con ustedes. Sinceramente, me aburro detrás de este escritorio y una buena batalla me ayudará a recordar los días de caza.

–Con todo respeto, no será un paseo.

–No es el primer mundo al que entro. Los peligros son graves si no se va con el equipo adecuado. En esta misión, iremos con lo mejor de lo mejor que existe en las tres potencias del mundo.

–Espero que sea suficiente.

–Así será –se levanta–. Así será o moriremos como los soldados que somos.


Hugo E. Valdez González valdez

5 Blog Publicaciones

Comentarios