Danté, el infierno prometido

Primer capítulo

Los reclamos cesan cuando un hombre de cincuenta años, de corte y porte militar, entra. Viste un elegante traje, corbata de diseñador y una pulsera de platino.  Camina hacia el frente, ignorando las miradas de descontento y los murmullos.

Un cilindro surge del piso, frente a la primera fila de la audiencia. Los presentes, personas con ropa formal y una tableta plateada, se acomodan en sus asientos. Solo hay uno de pie, sin ningún accesorio, mirando todo desde la parte posterior del lugar.

La sala alberga a treinta individuos, sin incluir al recién llegado. Los espectadores están sentados en silla flotantes. La parte esférica inferior se mantiene en su lugar con un halo azul tenue, que se conecta con otro igual en el suelo. Las paredes, lizas y grises, y el techo iluminan el lugar sin lámparas o focos visibles.

–Buenas tardes –dice el hombre al llegar detrás de la estructura metálica. Su voz no puede ocultar los años en la milicia–. Es grato verlos a todos en esta nueva misión de Nuevas Fronteras. Me da gusto que los representantes de los grupos de mercenarios, todavía respondan al llamado. Pero esta no es una reunión para recordar viejos tiempos –el lugar se escurece, solo la pared detrás del hombre del podio se mantiene con luz–. Después de años de fracasos, el portal mostró un nuevo mundo habitable y con condiciones para que sobrevivamos sin necesidad de maquinaria.

“En cuanto los drones lo confirmaron, enviamos equipos de exploración –en la pared, a la izquierda del hombre, se muestra un mundo con agua verdosa y tierra de diferentes tonos rojos. A la derecha, varias imágenes de plantas y animales–. Danté es el nombre del nuevo mundo –varios susurran–. A pesar del posible choque de ego, se nombró después del incidente –las imágenes de la flora y fauna cambian a dos fotos: la de arriba muestra un pequeño pueblo con algunas defensas y edificios primordiales; la de abajo, un par de varas de metal enterradas–. El puesto de avanzada fue arrasado en el día veintinueve. –Los murmullos inundan el lugar, algunos se mueven incómodos en sus asientos.

“Como saben, usamos Mihtal. Hasta ahora es el metal más resistente, maleable y ligero que tenemos. Aún así, fue cortado, doblado, abollado y derretido. Los cortes son limpios y no parece que haya sido difícil para los atacantes destruir las estructuras. –La luz regresa y las imágenes desaparecen–. El foro es de ustedes, señores. Espero que hayan elegido bien sus preguntas.

–¿Qué datos tienen? –pregunta uno de la tercera fila.

–Ninguno. Nada se salvó y no hubo muestras relevantes. Tenemos información de la fauna y flora diaria. Ninguno puede hacer semejante daño.

–¿Algún sobreviviente o rastro? –hablan desde la primera fila– ¿Por qué los respaldos no mostraron lo sucedido?

–Ni siquiera hay sangre en las cercanías. Todo fue limpiado a la perfección. –El silencio se asienta y muchos hablan entre sí¾. En cuanto a la segunda pregunta, los drones no pueden transmitir por tres días. Al primer día del mes en Danté, la maquinaria se activo, la que no fue destruida.

–¿Qué hay de la fauna local? –pregunta el hombre de pie–. ¿Algún cambio antes del desastre?

–Solo uno –detrás del podio aparece una imagen de una enorme Catarina con el tórax brillante–. Es una especie de luciérnaga sin alas, con enormes patas delanteras que sirven para excavar. Por lo menos eso nos reportaron. La noche del desastre, estas criaturas se enterraron.

“Días después enviamos más drones de exploración, en busca de los atacantes. Solo encontramos varias variantes más de la luciérnaga –aparecen diversas imágenes del mismo insecto, solo que con diferentes características: algunos con aletas, alas, garras, diferente color y de menor o mayor tamaño–. Lampyridae Darwiniana. Luciérnaga de Danté o Insecto solar.

–¿Insecto Solar?

–El sistema solar en el que se encuentra es de lo más extraño que hemos documentado ¾aparece una imagen en la parte trasera¾. Es una estrella enana detrás de un cuerpo celeste semitransparente. Eso evita que la radiación sea perfecta para la vida como en nuestro planeta, sin embargo, es suficiente para albergar vida nocturna.

“Los datos de observaciones especulan que estos insectos absorben la radiación y la amplifican durante veintiocho días. Los tres días posteriores, se entierran en la montaña, arena o en el lugar más cercano, provocando que la temperatura baje y una luz tenue en todo el mundo. No hemos podido abrir uno para estudiarlos más a fondo. Nada puede dañarlo.

“Los drones detectaron a varios que se meten en el magma del planeta, soportan la presión de las profundidades, derrumbes y avalanchas. Son completamente invencibles. Hasta que no tengamos algo con que perforar su caparazón, son considerados una vida clase SS. La primera en nuestra historia.

–¿No creen que exageran? –pregunta uno de la quinta fila– Solo es un enorme insecto inofensivo.

–Ninguna arma puede destruirla, recibiría otra S si fuera agresiva. –Vuelven las charlas. Algunos asienten, otros se cruzan los brazos–. Por la falta de datos, necesitamos un campamento que dure los tres días sin datos. No solo los posibles materiales de la fauna importan, también todos los minerales que se pueden encontrar.

–¿Será un despliegue? –habla levantándose un señor de mayor edad.

–Sí. Las tres naciones del mundo apoyaran a Nuevas Fronteras. Hablamos de toda clase de equipo, incluso las que están en fase experimental o son secretos de estado.

–¿Por qué se arriesgan las naciones a tanto? –el viejo mueve la cabeza negativamente–. Esa no es una buena señal.

–Es una buena oportunidad para saber si sus armas serán eficaces en la próxima guerra o si podrán sobrevivir a los desastres de las nuevas armas. Lo único que no enviaran son la bomba Z ni ninguna termonuclear. –El silencio permanece en la sala. Los hombres usan sus tabletas, algunos, al parecer, hablan o mandan mensajes de voz–. Si nadie tiene otra pregunta, terminamos con esto. Pueden retirarse.


Hugo E. Valdez González valdez

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