De procedencia desconocida

[Un #cuento, de Luis J. Goróstegui, para el #viernesnarrativo49 @M4627C]

―¡Marta… Alfredo, Ana, Juan!... ¿dónde estáis?... ¡Ainhoa, Ester, Pedro!… ¡vamos… si es una broma no le veo la gracia, y lo digo en serio!... ¿dónde estáis?...

«…Sintonizan Radio Resistencia. Son las 11:45 horas. Boletín de urgencia: Atención. La Tierra ha sido invadida por extraterrestres. Repetimos: la Tierra ha sido invadida por extraterrestres. Ayer noche, alrededor de las 23:30, hora española, diversos observatorios astronómicos a lo largo y ancho del planeta detectaron la entrada en la atmósfera terrestre de una batería de naves espaciales de procedencia desconocida. Las naves de guerra alienígenas –suponemos que se trata de la primera ola de una más que previsible futura invasión a escala global– se dispersaron por todo el planeta y atacaron sin previo aviso las grandes ciudades provocando a su paso el caos y la destrucción. Bajo el mando de la ONU, una fuerza multinacional aeroterrestre se está desplegando en orden de ataque con el fin de contrarrestar la ofensiva enemiga. Se conmina a la población civil a que busquen refugio seguro en sus casas o en los distintos bunkers habilitados. Permanezcan fuera del alcance de esos seres y, sobre todo, no les miren a los ojos; repetimos: no miren a los ojos a los alienígenas, pues, al igual que en la mitología griega Medusa convertía en piedra a aquellos que la miraban fijamente a los ojos, los alienígenas, según informes del Alto Mando, consiguen abducir la psique a sus víctimas convirtiendo a quien les miran en uno de los suyos. Al parecer las personas abducidos mantienen su apariencia humana pero adquieren una extraña forma de andar, cojeando de la pierna izquierda, y, aun a falta de un informe oficial que lo ratifique, al hablar, arrastran las erres y las eses. Seguiremos informando. Resistiremos.»

―Son las 12:07. Sábado. Me llamo Alejandro. Soy ciego y estoy solo. Acabo de escuchar el boletín de urgencia de la emisora Radio Resistencia y no salgo de mi asombro. Estoy registrando esto en mi móvil para que quede constancia por si me pasara algo y muriera. Miro al cielo… ¡y pensar que entre las estrellas amigas, por así decir, también las hay… asesinas!... Pero me estoy yendo por las ramas… Vinimos –mi esposa Marta y yo; mis hermanas Ana y Ester con sus esposos Juan y Pedro; y un matrimonio amigo: Ainhoa y su esposo Alfredo– a pasar el fin de semana a la cabaña que tienen Ester y Pedro a las afueras de la ciudad, en medio de ningún sitio en las montañas. Llegamos ayer tarde… Estoy tan nervioso que me cuesta hasta pensar… Llegamos ayer tarde y, tras la cena –yo sólo cené unos tomates con queso–, salimos al jardín a celebrar… no sé… simplemente a pasar un buen rato, charlar y ver las estrellas. Un par de rayos cayeron lejos. Yo estaba cansado de toda la semana en la oficina, aguantando carros y carretas, así que me fui temprano a dormir. Los demás se quedaron en el jardín. Mientras me dormía les pude escuchar hablar y reírse. Me puse unos tapones en los oídos para silenciar el runrún de fondo. Al despertar esta mañana no he encontrado a nadie. He recorrido toda la cabaña y todas sus cosas parecen estar en su lugar, incluso los vehículos están en el garaje –unos modelos de lo más tradicional aunque muy fiables, tengo que decir–. He estado un buen rato gritando sus nombres pero nada. Con eso de que soy ciego a veces me gastan bromas y se esconden, y al principio no me preocupé –sobre todo mi hermana Ana… ya estoy acostumbrado a su… camuflaje camaleónico–; luego les llamé al móvil, pero no contestaron. Algo les ha pasado y tengo miedo. La bandada de aliens debe haber destruido las comunicaciones pues he hecho una videollamada a la policía pero no va ni siquiera la línea para emergencias. He puesto la radio y ha sido cuando me he enterado de la invasión. ¡Dios, ampáranos! Resulta increíble… y además eso de que controlan las mentes con la mirada… El hecho de que sea ciego me protege, creo… pero ahora que lo pienso puede que sea peor: si descubren que soy ciego y que no pueden abducirme con la mirada… me matarán… Pero… Oigo ruidos… Qué raro, parecen una psicofonía. Alguien se acerca… Sí, parece… ¡Uf, menos mal, son ellos!... No debía haberme preocupado tanto… ¡Hola, hola, estoy en la cocina!... ¿dónde demonios estabais?, os he estado llamando… ¡menudo susto me habéis dado!... NO DEBÍAS HABERTE ASUSTADO, ALEJANDRO, NOS HABÍAMOS ACERCADO AL PUEBLO MÁS CERCANO A COMPRAR ALGO PARA EL DESAYUNO… ¿Por qué no me habéis contestado al móvil?... YA SABES LO QUE SON ESAS COSAS, POR AQUÍ LA COBERTURA VA COMO QUIERE… ¿Habéis oído las noticias?, ¡nos han invadido los aliens!... ¿LOS ALIENS?, BROMEAS… ¡No, es cierto, lo han dicho por la radio!... Dicen que abducen a las personas y que los abducidos cojean de la pierna izquierda y arrastran las erres y las eses al hablar... ¡NO DIGAS TONTERÍAS!... ¡Que sí!... BUENO, DÉJALO YA, AL MENOS A NOSOTROS NO NOS HAN ABDUCIDO… DESPUÉS DE TODO ESO NO DEBE SER CIERTO… HABLAMOS BIEN, ¿VES?... BROMAS APARTE, ¿EH?… SIN ARRASTRAR LAS ERRES NI LAS ESES, JA, JA, JA… ANDA, VAMOS A PREPARAR LA COMIDA, HEMOS TRAÍDO UNOS QUESOS, UNOS CHORIZOS Y UNAS CHULETAS PARA HACER A LA BRASA. ¿Estáis acatarrados?, os oigo hablar como con un tonillo raro… ¡BAH, IMAGINACIONES TUYAS, HERMANITO!

Y Alejandro, desechando locas ideas de alienígenas y abducciones, les acompaña confiado… sin percatarse, claro está, pues es ciego, de que sus acompañantes –los siete– cojean de la pierna izquierda.

Luis J. Goróstegui


Luis J. Goróstegui

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