Dolía - Poemas de Insomnio

Ocultar las cicatrices de un mal viaje

para que no se vuelva un peaje de dolor,

es un acto de valentía.

 

El camino del verano no siempre es eterno,

las montañas no siempre tendrán cumbre,

el adiós de un alma en guerra no siempre gana.

Recordaba a Facundo y sus ganas por andar

sin seguir el camino que no trae misterio.

Y yo camino entre montañas de arena;

muchas veces me he perdido en una espiral,

y no encuentro más que intenso sol,

además del núcleo de tus recuerdos.

 

Llegué a un punto en mi vida,

donde la tristeza y la melancolía

eran el pan de cada día en mi mesa.

Ya no esperaba romperme o desangrarme

con cada letra, con cada canción,

con cada café, con cada insomnio.

 

Solo quería desaparecer

y desaparecerte de mi mente.

 

 

No me dolía el corazón.

Quemaba el alma.

Alcoholizaba mi vida.

Y la mente drenaba tortura.

 

En mi largo camino por entender mi dolor,

recordé que lo tenía todo,

calurosos abrazos,

mágicos besos, noches irrepetibles

y poesía en tu manos de seda.

 

La conformidad fue la tormenta

que deforestó mi vida

en poemas que tal vez nunca leerás.

Destruyó todo a su paso,

dejando árida, seca e irreparable

una tierra de esperanzas.

La tibieza es la tijera que no esperas usar

en el hilo de tu relación.

 

Me convertí en un vagabundo.

Solo en el desierto,

cualquier ilusión disfrazaba de salvación,

los oasis vestían las faldas de tu nombre,

y cada vez más lejos de encontrarte, dolía.


Toda mujer parece ser la indicada

cuando la soledad se convierte en tu enemiga.

¿No es así?

 

No conseguía nada sin la brújula de tu mirada,

sólo una necesidad infinita de ser restacado.

No conseguí más que lastimarme,

Y superarte a mi manera fue destrozarme,

fue herirme, fue agonizar para olvidar

que me sentía muerto.

 

Para olvidar que Te Amo.

 

 

Caminaba por las zonas muertas

de un corazón desértico;

encontraba vivos restos de nuestros recuerdos,

y muertas tus intenciones de volver conmigo.

Muertas mis decisiones, solo renacía en mí

una esperanza sin garantía.

Sin duda,

la falta de agua en tus recuerdos,

la falta de tu presencia

y la falta de amor,

me llevaron a malentender mi situación.

 

Ya no quería amar,

sólo quería ser amado.

Un gran error cuando la tristeza

se apodera de tu voluntad.

 

No estuve solo en este triste viaje.

Fuiste acompañante

en el largo camino

por olvidarte.

 

Un fantasma

que no me protegía del frío

por las noches.

 

 

A tiempo de lamentarme por mi vida miserable,

sé, que tú también sufriste;

lo suficiente como para enamorarte

de alguien más.

Para volver amar. 

Para superar la tormenta.

Para cruzar el desierto.

 

Él ahora vive por amarte,

y yo muero al escribirte.

Sé,

que él jamás estará perdido,

si se guía por la luz de tus ojos.

 

Mientras yo,

aún busco la manera de sobrevivir

a la tormenta que 

traen consigo, tus filosos recuerdos.

Dolía.

Débil cada luna de octubre,

caí muchas veces lastimando 

en brazos no correspondidos.


Y yo no lo merezco.

 

Quisiera cerrar los ojos

y que todo fuera una mentira.

Pero es cierto.

 

 

Es cierto que todo sucedió fugazmente.

Es cierto que quizá carecía de experiencia.

Es cierto que te lloré de invierno a invierno.

Es cierto que me es imposible convertirte en humo.

Es cierto que ahora tomo vino en lugar de té,

porque por no detenerte, ahora pago el verte

con alguien más.

 

Lastimar se convirtió en nuestro verbo,

tú lastimas sin intentarlo,

él lastima sin saberlo,

y yo me lastimo al pensarlo.

 

Seguía comiendo de la mano de la melancolía.

Y Dolía.

Dolía cualquier victoria.

Dolía cada derrota.

Dolía aún más saber de ti.

Dolía olvidarte a ratos y recordarte a golpe de boxeador.

Dolía soñarte 4 veces al mes

y recordarte 30 días seguidos.

Dolía confundirte en el cabello rojizo de cada mujer.

Dolía buscar en mis lunares tu nombre.

Dolía escribirte cada madrugada.

Dolía quebrantar mi voz en llanto

cuando contaba nuestra historia.

Dolía que nada de esto fuera lo suficiente

como para que volvieras.

 

Y sé que me tomará 28 vidas tratar de olvidarte.

En olvidar tus rasgos.

En quemar tus cartas.

En no escribir para ti.

En cruzar el desierto.

 

Cuánto dure esta tenue vida sin ti,

estaré preparado a escudo de papel

y a espada de pincel,

vulnerable a cualquier ataque,

pero de pie junto a tus cartas.

 

Promesas que llevaba en mi equipaje

quedaron enterradas en la arena.

 

Al horizonte de hoy,

me encuentro junto al mar.

Quizá es momento de envolverme en otro viaje

y pagar el peaje que tanto evité.

Ahora con la brújula de mis decisiones,

encontraré el tiempo que me descontó tu sonrisa.

 

Han pasado tres años en mi cuerpo,

pero han pasado tres siglos en el alma.

En este tiempo, aprendí a vivir con la tristeza.

Aprendí a amortiguar mis locas ganas de buscarte.

Aprendí a no llorar de frente hacia tu fotografía.

Dejé de espiarte.

Y Acepté que eras mi amiga (Eso creo).

Una amiga con historia.

 

No obstante, si me lo preguntas.

 

Me encantaría seguir encadenado a tus recuerdos

y ser libre cuando mi corazón lo decida.

Regresaría por el mismo camino,

si tu piel cobra razón y decide necesitarme.

Sin pensarlo una vez,

sabría comprenderte y

lanzarme al fuego ardiente que irradia el sol

sólo por escucharte decir lo que tu corazón anhela.

 

 

Ahora no es desierto,

es el mar abierto.

En un bote me encuentro,

sin salvavidas; viajaré.

Navegaré

Los viajes que sean necesarios.

Escribiré

Los poemas que sean escritos.

        Esperaré.

                 Sin Esperanzas.

 

 

Estaciones.

Alexis Calle.


Alexis Calle

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