Miedo nocturno

La noche oscura, las calles solas y un muchacho que corre, desesperado, lamentándose por no haber escuchado consejos

¡Demonios! Soy un estúpido… debí hacerle caso a mamá cuando me dijo que no jugara en la oscuridad. No pensé que sería por eso. Ahora me encuentro aquí, a las 3:00 a. m. huyendo de estas endemoniadas cosas… de todas formas, ¿Qué carajos son? Parecían amigables cuando comencé a jugar con ellos, su aspecto de niños me engañó, debí alejarme al verlos tan pálidos, no hay niños tan pálidos en el mundo. Eran muy amigables, eso me engañó más, aunque hice bien al desconfiar cuando pidieron mis llaves… ¡¿Por qué diablos me estoy hablando mientras corro de estas cosas?! Necesito llegar a casa, necesito… entrar… mamá dijo que nada malo puede entrar si no lo dejo. ¡Las llaves! oh Dios, gracias Dios por no dejar que les entregara mis llaves… de haberlas entregado ahora me tendrían.

En esta oscuridad no veo nada, ¿dónde mierda estoy? Creo que puedo detenerme un momento… ya no los escucho, ¿eso debería alegrarme o asustarme? sus horrendos sollozos eran infernales, pero me hacían saber que estaban lejos… mejor no pensar en ellos, me hace recordar cuando sus caras se deformaron, sus ojos se volvieron amarillos y me mostraron esos cientos de dientes filosos. ¡La casa!, ¡ahí está la casa! Lo logré… solo necesito abrir… la… ¡¡¿Donde?!! ¡¡¿DONDE ESTÁN MIS LLAVES?!! oh no, oh no… espera… la puerta se abre… ¡Mi madre!, ¡gracias al cielo, mamá! Pero, ¿por qué sonríe? supongo que está contenta de… un momento, creo que no estoy viendo bien… ella no es tan pálida…


Javier Alejandro Martino

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