Trucos escritos que curan la verdad

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Prólogo del libro «Libro de la magia».

A continuación, el prólogo escrito por Vulio Jerne, en Riberalta, a flote en el Madre de Dios, en enero de 2023, para mi libro «Libro de la magia»

Este libro, como todos los publicados por mí en äëïöü editores, puede leerse aquí.

Trucos escritos que curan la verdad

 

 

 

 

 

La brevedad no fue valorada en el pasado tanto como ahora. De hecho, el uso del tiempo, así como el mismo uso de la vida, se ha forzado a reducirse o, mejor dicho, a verse obligado a suceder más rápido cada vez. Es por eso que estos relatos hiperbreves, que, en ningún caso, superan las doce palabras, resultan tan actuales que parece que el autor los hubiera escrito ayer. Lo curioso es, como casi todo en la obra de Sergio Marentes, que esto fue escrito hace casi quince años. Así se fechaba en el cuaderno donde fueron halladas estas cien micronarraciones. Esto quiere decir que el autor desde hace mucho tiempo explora una de las formas más complejas de la literatura: el ahorro de palabras.

Cuando pensamos en literatura hiperbreve no tenemos en cuenta muchas veces el máximo de palabras que esa narración o esa historia podría o debería tener, pero, si nos remontamos poco más de una decena de siglos atrás, descubriremos que el origen de estas narraciones se debe a la cantidad máxima de palabras que podía usar un hechicero para realizar su trabajo. Se dice que, en un pueblo lejano del Tíbet, que ya no existe, porque está bajo la nieve, nació esta tradición hace 1300 años. Allí asistían magos, hechiceros y brujos de todo el mundo para aprender a conjurar sin tener que usar tantas palabras. Es por eso que las palabras mágicas de un mago común y corriente, o bien no las entendemos o no las comprendemos porque son muy cortas, son abreviaturas o son uniones de varias palabras. Todo esto, debido a que juntas, mezcladas o ya puestas en la misma oración, según la complejidad o necesidad de cada conjuro, no deberían exceder las 12 palabras, porque perderían toda eficacia.

Y así como podemos encontrar en una obra tan corta como esta alguna relación con la historia, el mundo, las artes o con la vida, podemos encontrarla con la literatura. Por supuesto, cuando hablamos de la obra del autor de este Libro de la magia estamos hablando de alguien que respira, o, mejor, transpira literatura por doquier. Por lo que no es extraño que en sus libros evoquemos a grandes maestros del pasado. En este caso, por ejemplo, a Monterroso, con su dinosaurio, para no ir tan lejos. Pero más allá de lo obvio, quiero decir que en cualquiera de los 100 cuentos cortos que nos presenta el autor, aquí podremos hallar referencias a distintas obras, épocas, géneros, autores, corrientes y demás, porque resulta cada vez más profundos mientras más se leen. De igual manera, y gracias a su brevedad, pueden leerse de manera aislada uno cada tanto, uno al día, uno cada año, uno una vez en la vida. Esa es la cualidad que tienen las grandes obras y, sobre todo, que pueden ser leídas en cualquier momento de la historia. Porque estos cuentos hiperbreves han de poder leerse dentro de 200 años cuando las personas no tengan tiempo de nada y deban elegir quirúrgicamente qué consumir debido a la oferta indiscriminada de la época.

Por ahora, y mientras el tiempo nos lo permita, quiero invitar a los lectores a que degusten estas narraciones cómo se hace con las cosas que nos gustan: poco a poco, sin pensar en el futuro o en el pasado, estando en el presente, que dura lo que dura un pestañeo, y que no es otra cosa que lo que duramos leyendo cada uno de estos cuentos.

 

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