La historia se escribe desde que la imaginamos o desde antes de que los del futuro lo hagan

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Tiempo escucha de la voz del implicado la misma respuesta que los libros de historia dirán que dijo

En el momento en que le dieron la noticia, a través de una incómoda llamada en plena madrugada, de que había sido galardonado con el premio Nobel de Literatura, Tiempo, encarnando una visita incómoda que la noche anterior llegó para pasar la noche allí, está atento para cerciorarse de que el autor responda lo que los libros de historia dirán que dijo.

Tras una breve pausa, y luego de que el escritor, en un tono mucho más amable, eso sí, del que los historiadores afirmarán, dice lo que vino a escuchar, Tiempo se excusa para retirarse y no molestar, no sin antes escuchar lo que ningún libro de historia dijo ni dirá que le dijo el autor a su esposa, y por lo que, de inmediato, rieron a carcajadas.

Tiempo, tras recibir las frutas que le ofrecieron para que no partiera a esas horas sin alimento en el estómago, se va, entonces, pensando que ha cumplido su misión. Y piensa, mientras le da una mordida a la manzana, en que galardonar a alguien que no quiere ser premiado es, quizá, un error más grande que hacerlo con la persona que no lo merece. Y dice, aunque no hay nadie para oírlo, que, por eso, como el desayuno que estaba todavía masticando, la mayoría de escritores laureados fueron por los motivos equivocados.

Texto perteneciente al libro número 31 de la Biblioteca Marentes: «Los viajes de Tiempo»

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