Capítulo 4: Mi recuerdo borroso

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"Esta vez es mi recuerdo borroso".

"Esta vez es mi recuerdo borroso".

 

He deshecho los hechos. Las fotos restantes las he quemado con lágrimas y, ahora, estoy aquí recordando mi recuerdo desde una perspectiva más lejana, desde una visión borrosa. Fui a mi cafetería, y digo "mi" porque es otro de los pocos sitios donde siento que soy hogar, donde escribo. O, mejor dicho, donde las vísceras están en sintonía, la que necesito, la que me pertenece para poder seguir con mis días. Para poder narrar, borrar, crear y morir en intentos, decididos, por deletrear mis demonios y encontrarme cara a cara con ellos.

Mi recuerdo borroso. Una imagen, bonita y rota. Sincera. Cala hasta los huesos. Los destellos, digo. De mi mirada centrada en mis escritos. La libreta de la tercera parte de una obra, independientemente de si es más o menos literaria. Eclipsada y vacía de cosas superfluas. Música. Calla cerebro, calla. ¿Qué digo? ¿Para qué siento? Para plasmar las sensaciones en escritos.

Mi recuerdo descolorido, lleno de invierno y deshojado. Estaba sentada en un sillón marrón oscuro. El café ya frío, mi intención de perderme entre la escritura creada, aquella vez, por mí. Sacada del corazón que va y viene y se queda para, después, irse sin querer(se) o queriéndose a montones. A goteras sin agua. A borbotones, de donde van cayendo las estrellas: de mi recuerdo roto.
En aquel instante del pasado nació una semilla y floreció una pequeña flor, sin alma y con mucho ser, dentro de mí. Fue creando para quedarse en la breve, y no escasa, novela.
Extraña, pienso.
Explosiva, reflexiono.
Y muy honesta.

Fui yo, lo estuve siendo, aquel recuerdo borroso. En un futuro jamás lo seré. Ahora lo estoy siendo, y se quedará para marchitarse, borrarse, nublarse.

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