Entre la luz roja y la verde se detiene el tiempo que está por empezar a existir



Postal en el cruce de los Cíclopes, sobre la Calle de los Espejos, en sentido sur-norte

Cinco bailarines, que de abajo hacia arriba disminuyen su estatura y edad, forman un humano de cinco pisos. El humano más cerca del cielo, y el más pequeño y menor de todos, y que tiene menos de cinco años, sobrepasa la altura del semáforo. Su rostro no tiene el mínimo asomo de miedo a caer o de golpearse con la barra metálica horizontal.

El semáforo tiene luz roja para los vehículos y luz verde para los peatones. La fila de automóviles es de varias manzanas, tantas que, desde arriba del humano gigante no se alcanza a ver el final. De todas las ventanillas salen cabezas para ver el edificio de carne humana que supera la estructura de líneas negras y amarillas.

Las diez manos del gigante hacen malabares a la vez. Las diez plantas de los pies del humano gigante son del color de la ciudad. Los diez ojos del humano gigante son del color del humano que les da paso a los peatones. Las cinco bocas del humano gigante sonríen. El tiempo no existe para el humano gigante, porque los humanos miniatura todavía no lo descubren.

 

Texto perteneciente al libro número 43 de la Biblioteca Marentes: «Postales desde cualquier lugar»


Sergio Marentes

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