LA GÁRGOLA



Un templo abandonado es objeto de estudio.

Mis compañeros y yo fuimos convocados a inspeccionar un viejo templo a las afueras de Minnesota en medio de un ambiente natural. Luis, Nelly, Elsy, Freddy y yo llegamos con el rocío de la mañana, el edificio abandonado no ofrecía muchas opciones. Preparamos el campamento y empezamos nuestro trabajo. Luis, experto en pintura rupestre, empezó a observar cada inscripción de las paredes. Freddy como buen arqueólogo empiezan a sacar piedras del lugar y raspar algunas zonas de los muros donde Luis no se vea afectado. Nelly y Elsy, Teólogas, buscan saber a qué religión pertenecía ese asentamiento y cuál era su deidad. Mientras tanto yo me encargaba de la parte arquitectónica.

- ¿Habían notado esa gárgola a la entrada?

- ¿De qué hablas Elsy? Aquí no hay tal cosa.

-Miren, señaló extrañada

Al salir a ver, había una gran gárgola sobre la entrada del templo mirando de frente.

-Eso no estaba antes aquí.

- ¿Qué dices Luis? Lo habremos pasado por alto.

-Por lo visto todos pasamos por alto algo muy importante. Tendremos que revisar el lugar cuidadosamente para que no se repita.

-Tienes razón Edward.

-Freddy y yo revisaremos el jardín.

-Elsy encárgate del altar. Luis y yo buscaremos en el resto del templo.

Llega el momento del almuerzo y aún no hay nada nuevo. Los ánimos están por el suelo y la molestia en Freddy se hace evidente.

Edward se prepara a tajar la fruta, mientras los demás sirven las bebidas y el resto de comida. Al terminar, el cielo se nubla de repente, trayendo consigo un huracán. El jardín abandonado pronto se convierte en una especie de pantano dificultando la huida. Durante el trayecto de regreso, Edward señala nuevamente a la gárgola.

-Miren. Tiene las alas completamente plegadas. Antes estaban extendidas.

-Es cierto. ¿Qué está pasando aquí?

-Qué estupideces dicen. Una figura de piedra no puede moverse.

-Que te pasa Freddy. Míralo tú mismo. Es cierto.

-Entremos. El viento es muy fuerte. Tendremos que esperar.

-Tengo miedo. Esa gárgola y ahora el huracán.

-Tranquila Nelly. Ya pasará.

Llega el atardecer, el huracán continúa, y Freddy, en medio de su desespero, empieza al golpear las piedras sin orden alguno, al azar.

-Freddy. Deja ya esta locura. Ahora no es seguro. Esto está en ruinas.

-Escucha a Elsy por favor.

-Déjame en paz Luis. Yo no vine a esconderme como un cachorrito asustado.

Repentinamente, una loza del suelo cede, al quitar la pesada piedra junto con Luis y Edward, encuentran el cuerpo momificado de un antiguo vikingo que habitó aquellas tierras.

- ¡Lo encontré! ¡Es mío! El hacha es un tesoro. Saquémoslo para ver que más tiene.

-Cálmate Freddy. No somos profanadores.

-Si no me vas a ayudar, no estorbes.

Al arrastrar aquella momia se le rompe un pie a causa del movimiento brusco. Al ponerlo sobre el suelo y tratar de acomodarlo, notan algo sólido. Sin dudar introducen la mano en la bota donde encuentran un puñal el cual desenfrena la locura de Freddy por poseer tal objeto.

Un grito aterrador retumba por el lugar. La gárgola hace presencia frente a todos mirando con odio y codicia las manos de Freddy.

-Un demonio, dice Luis, comprendiendo los pictogramas. Encontré un relato donde habla de un duelo entre un sacerdote y una criatura del infierno, a la cual se le venció tras dos días con sus noches en una noche boreal, siendo convertida en piedra. Pero el pueblo fue abandonado y sus habitantes nunca regresaron. Solo el sacerdote, quien pidió ser sepultado vivo para hacerle frente una vez más de ser necesario con un hacha en forma de cruz y un puñal bendecido.

- ¿Cómo puedes decir eso tan tranquilo en un momento como este?

-Porque tenemos las armas.

-Freddy, vuelve con nosotros y danos el hacha y el puñal.

-Ni loco.

Freddy decide enfrentar al demonio él solo, pero con un rápido movimiento entierra sus uñas en su pecho, arrancando su corazón devorándolo por completo. Luego se lanza contra Nelly y Elsy quienes son sometidas al tormento de las temperaturas. El paso del cero absoluto a los dos mil grados centígrados en un lapso de treinta segundos.

Edward y Luis no podían creer tal poder, aun así, se vieron afectados por tan bruscos cambios de temperaturas, quedando paralizados, a merced del enemigo. El techo del templo cedió dejando ver la aurora boreal. Al verlo comprendieron lo que tenían que hacer. La dificultad con que se arrastraban y el desespero de sus rostros, divertía al demonio transformado en gárgola. Jugaba con ellos, los cambiaba de lugar, lejos, cerca, lejos...

Pero en un descuido, producto de su confianza, tanto Edward como Luis, logran apoderarse del puñal y del hacha con las cuales logran, con sus últimos alientos, propinar golpes certeros, cortando parte de la cabeza y atravesando el corazón de aquella horrenda criatura. Un espantoso chillido consumió la edificación con un fuego pestilente, entre verde y violeta. Ninguno sobrevivió. En aquel sitio solo se encontró la cara sonriente de una gárgola de piedra.

 

 

 

 


Daniel Martelo

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