Lo que tarda



En donde B.I. y P.D.S, mientras esperan el si-guiente vagón del metro, y se confunden entre el humo del tabaco y las basuras citadinas, leen las mismas palabras

En lo que tarda en llegar el siguiente vagón del metro, porque el anterior se les escapó por andar cazando rarezas en las librerías callejeras, los dos caminantes desarrapados conversan.

Che, ¿Vos siempre fuiste así, o alguna vez fuiste más boludo?, dice P.D.S., como quien le habla al vacío que dejó el tren anterior, con la pipa en la boca y la cara cubierta por el globo de humo, confundido con el de los túneles y el humo del tabaco. Ahora no sabemos si el siguiente tren va a pasar por este par de vagabundos llenos de libros, remata.

La verdad, dice B.I. sosegado, por ser un boludo siempre fue que me tardé tantos años en tener las bolas suficientes para dejar de serlo. Y luego de una breve pausa, continúa: pero lo bueno es que, luego de que se te quita, no te regresa lo boludo.

Los dos, luego de no saber cómo continuar con la conversación, o lo que ello fuera, levantan la mirada y, en la pared del otro lado de los rieles, leen, a la vez, aunque en silencio, para cada quién, un cartel que dice: Lo que tarda en llegar el siguiente vagón del metro es el mismo que tarda en acabar el tiempo.

 

Texto perteneciente al libro número 32 de la Biblioteca Marentes: «Anverso de la cruz»


Sergio Marentes

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Comentarios
Nuria De Espinosa 1 semanas

El tiempo, ese nunca nos sobra y siempre nos falta. Bella y original. Me gustó. Un abrazo.