CAPÍTULO VIII (extracto)"Ante el Fuego del Miedo"



Un poco de mi novela en proceso, Renacer de las Sombras, para participar en el reto de #asilooscuro @asilooscuro

En lo más profundo del foso, se encuentra Andrew sumido en una potente mezcla de linajes tan profanos como perversos que se bombean a través de sus venas desbaratando la poca cordura que tiene. Está encarcelado, y en los momentos de inconsciencia su cuerpo es dominado por una bestia primitiva que se aprovecha de la maldición y lo envenena más y más. Ponzoña e intoxicado: forman juntos una estirpe temible para los que están igual de presos que él.

Se siente sumergido en un mar de negrura. Sabe que tiene los ojos abiertos, pero no distingue nada, solo absoluta oscuridad. Son horribles los olores que le inundan el olfato de inmediato, le cuesta reconocerlos, pero sabe que es putrefacción, mierda, y otros hedores que no necesita darle nombre.

Trata de hablar, no para responder, sino para mover la garganta que siente inflamada y áspera.

Poco a poco la tiniebla cede y siente como diminutos rayos de luz que se pasean entre la penumbra; le molestan y lo obligan a ver a otro lado. Él se siente distinto: su cuerpo está adolorido, el cansancio lo oprime, pero lo más perturbador es reconocerse al emanar frío. Él está muy frío. Pero, entre todas las sensaciones que concibe, sólo una se alza sobre las demás como un puñal que desgarra el velo de la vida: el hambre.

Intenta sentarse y de inmediato tres manos le ayudan a recostarse contra la gélida pared de piedra irregular. Él intenta ver a sus alrededores por segunda vez, pero el cansancio lo abruma y no le permite nada. Intenta hablar, pero las palabras no emergen de su garganta. Siente que está perdiendo la conciencia una vez más.

Andrew hace su mayor esfuerzo para entender lo que está frente a él; por desgracia su brío es en vano: al hambre que lo devoradora se le suma una sed inigualable, su transpiración se eleva y el dolor despierta. Aunque no recuerda nada, en su cuerpo resuenan los síntomas de la agonía.

Unos dedos se deslizan en su boca, y un lento goteo se desliza por su garganta; luego de eso llega un alivio que se dispara en su interior, como si lo que estuviera bebiendo fuera la panacea absoluta que le borra todos los males del cuerpo. Lo que él aún no entiende, es que no le quita los males, al contrario, lo entrega en bandeja de plata al demonio que habita dentro de él. Todo ese odio y resentimiento que cultivó durante su mediana vida, despierta con la fuerza de diez hombres, y con el apetito de siete bestias.

Aún no lo entiende del todo, pero como todos los de su clase, su nueva clase, utiliza la sangre para mantenerse en ese limbo maldito entre la vida y la muerte. Utiliza el vino rojo del corazón, para que el suyo pueda seguir trabajando y sostenerle el aliento que lo enlaza a este plano terrenal. Sus pupilas se abren como soles, y siente el aire circular frente a sus pulmones. Entre la oscuridad puede ver con claridad, aunque la vista no sea nada que le reconforte: El espacio parece una caverna muy alta, sumida en un manto de niebla asfixiante; rocas y estructuras en ruinas se dispersan por el lugar y en el fondo, algunas almas torturadas intentan guardar refugio de aquello que los ha acechado. Con la primera oportunidad mira su cuerpo: está mugriento, enlodado y desnudo; suspira con fuerza y al inhalar percibe un aroma que había estado ajeno a sus sentidos: miedo y sangre emergen como hedores reconocibles entre la putrefacción. El miedo se hace amargo al olfato, mientras que la preciada sangre se antoja dulce.

Luego, como segunda instancia, intenta recordar que ocurre. Solo tiene momentos vagos de lucidez, y esos episodios solo le brindan escenas de pesadillas. Escucha ruegos y gritos, siente el sabor de la sangre junto a fibras de músculos rompiéndose en su boca como pajillas gelatinosas… ¡Oh dulces néctares malditos que no puede dejar de desear!; la sangre y la carne se le hacen deliciosas cuando él mismo las arranca del cuerpo. Sus manos se engarran para aferrarse a la piedra del suelo, rozan la textura y le dan a entender lo duras y filosas que son sus nuevas extremidades. Es extraño que pueda sentir la sangre colmando su cuerpo, transformando cada célula, le llena de rigor a pesar que las imágenes que están en su mente parecen hacerse más distantes, menos reconocibles, como si tuvieran una leve capacidad de pertenencia. Su sangre, su veneno.


Alastor

6 Blog Publicaciones



Comentarios
LETRARIUM 6 semanas

¿Es de tu novela? ¿o lo escribiste para el reto?