UNA MÁQUINA DE SUEÑOS



La imprecisa forma de vivir cuando tienes sueños de por medio.

UNA MÁQUINA DE SUEÑOS
Después de muchos intentos en vano y de tantos finales infelices dentro de su triste y vil historia de vida, Rob había decidido -casi por inercia- rendirse, flaquear, ceder ante su paupérrimo destino; darle la posta a la realidad y dejar de lado -por un tiempo o quizás por siempre- sus sueños más anhelados y preciados; se había enterado, gracias a sus años y experiencias que; a pesar de tantos planes, sueños e ilusiones que con tanto frenesí había adoptado y acogido para su correcta realización, era momento de soltarlos, de dejarlos ir, de desprenderse de esas noches tan cercanas a su almohada antes de cerrar los ojos soñando, fantaseando, anhelando su propio final feliz, su propia historia alegre y radiante.
Rob había entendido que el joven de hace unos años, excitado por el entusiasmo y movido por sus ansias y aspiraciones, hoy ya no se encontraba reflejado en él; los años habían secundado a que se dificulte la formación de su sonrisa, la elaboración de sus pretensiones y anhelos, pero entendía que la vida realmente se trataba de eso; de ser realista, pragmático, sensato y en muchas ocasiones ser descarnado.
Cuando Rob quedó desempleado a una edad casi crucial para su futuro y definitivamente para su pasado, entendió que la vida ya no le estaba sonriendo, que había dejado de complacerse con su existencia para darle paso a las tan sonadas pruebas de fuego, a los caminos angostos.
A diario ponía en jaque la estabilidad de su entorno, subyugaba sus recursos y practicaba casi con religiosidad la súplica y el ruego para volver a sentirse útil, para sentir que el vivir era al menos compatible con sus funciones realizables; después de varios años, cuando se vio sentado mirando a la nada, entendió que sus años no habían pasado en vano; entendió y comprendió casi a la perfección que efectivamente era irrealizable e inasequible poder retroceder el tiempo; a pesar que de niño soñó con inventar la máquina que realice eso; a pesar que siendo un infante con el pecho inflado le decía a su anciana madre que la sacaría adelante, que él resolvería sus problemas y que ella solo confíe; después de ello recordó cuando de joven comenzaba su primer empleo; y esas ganas y énfasis de lograrlo.
Rob sentía haber traicionado sus sueños, sentía que había roto el lazo fraternal con sus planes; hoy, siendo nada, esperaba que llegue la muerte y haga su trabajo, que no lo defraude por haber sido un cobarde y no luchar más de lo que debía hacer; probablemente la muerte no quiera tampoco llevarme -pensaba mientras rascaba su enorme barba blanca- él había entendido que sus ilusiones habían quedado difusas en cada partícula de su cuerpo, de su mente, de su corazón.
Antes de poder pensar en algo más, había sentido una fuerte hincada en su corazón, había sentido como un rayo eléctrico traspasaba su piel y trituraba sus huesos, supo que al fin habían llegado por él -aunque tarde, pero llegaron- había transcurrido buen tiempo para que Rob pueda dibujar una sonrisa en su rostro, una sonrisa de quietud y tranquilidad; sabía que se iba a iniciar algo nuevo, ésta vez no quería traicionar sus planes, no quería darle la espalda a sus sueños; ésta vez quería hacer las cosas bien, quería el final feliz, la trama perfecta; la sinopsis soñada.
Esta vez sabía que lo lograría, incluso aun teniendo que verse obligado a despertar de sus sueños más pulcros, más ingenuos y cándidos; Rob entendió que podía haber trastabillado infinidad de veces, pero que siempre podía haberse levantado, erguir el pecho y ser engrandecido una vez más, porque entonces comprendió una nueva acepción, una nueva connotación respecto a lo que de verdad es la VIDA, y logró concluir que no solo era vivir “las realidades” que ésta traía consigo; si no que, era vivir en un mundo paralelo donde soñar no estaba lejano a la realidad, pero nos mantenía vivos, palpitantes, intensos, vívidos y vivaces.
Darle sentido a la vida a pesar de las pruebas era probablemente para las personas más valientes, las menos cobardes, las que podían morir de miedo pero afrontar, dejar de soñar ya no era una opción para marcar, Rob entonces comprendió que quien vino por él, fueron sus sueños, su empuje y su ilusión.
-CGH-

César Gonzáles

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