#DesafíoQuincenal1 - Parte 2 y final.

A las cinco en punto se presentó Rufino Pajarito Vásquez en la recepción del destacamento que la ley tiene en la calle Justicia Poética al 69.

     —Imagino que el operativo de búsqueda y captura fue lanzado de inmediato.

     —No hizo falta. El sicario de se presento de forma voluntaria al destacamento policial del barrio.

     —¿De forma voluntaria? ¿Por qué?

 

A las cinco en punto se presentó Rufino Pajarito Vásquez en la recepción del destacamento que la ley tiene en la calle Justicia Poética al 69; zona geográfica conocida como Telaraña Soho después del auge inmobiliario y resurgimiento empujado por artistas, diseñadores, músicos, barberos, tatuadores y un bagaje de pequeños comercios culinarios cuyos nombres terminan con dos palabras francesas boutique y gourmet y, donde todo se vende con el anglicismo take wake; y para ser más preciso el brazo armado de la ley civil ocupa una de las tres esquinas…

 

     —¿¡Tres esquinas!? Eso es curioso, por qué tres.

     —En realidad son cuatro, pero una todavía no la encuentran.

     —¿Cómo es eso?

     —Es raro, las cuatro esquinas estaban ahí antes que el barrio. Esto lo sé porque me lo contó el Chamán de Mandinga. En su relato narró que en la esquina sur ardía una pared de fuego muy respetuosa del medio ambiente, la ochava  y que camuflaba el ingreso a la salamanca del caído. En la oeste se construyó un convento. Su arquitectura logró la simbiosis perfecta entre lo rustico y lo art decó y alojó hasta la década del setenta del siglo pasado a las Hermanas Bien Calzadas. Con el tiempo el convento se vino a menos y lo abandonaron. A inicios de los ochenta fue usurpado y gran parte demolido, solo quedó la casona rectoral en donde se fundó el Primer Aquelarre de Los Últimos Días a cargo de la la bruja Rosa Blanca. En la esquina este y desde tiempos inmemoriales apenas registrados por la historia con mala ortografía y letra torcida están instalados los espíritus originarios, algunos agregados culturales y otros que renunciaron a penar y vagar por siempre; según el Chamán, en los locos años veinte y al ritmo del charlestón se divertían propinando sustos de muerte a diestra y siniestra a los turistas del mundo paranormal; en la actualidad conviven en armonía con la milenaria familia japonesa Taroto; y en las noches festivas se los ve contemplando el estanque poblado por un cardumen enano de carpas multicolores en el pequeño jardín nipón instalado en el patio interno de la esquina.

 

     —¿Entonces la que no encuentran es la norte?

     —Sí, y no. Estuvo quieta en su lugar durante un tiempo muy muy muy largo; hay quien dice que la desaparecida esquina norte fue testigo del ensayo y error del demiurgo en sus intentos por crear a la humanidad. También dicen que un buen día se aburrió y de la noche a la mañana desapareció. Otra versión narra que fue intercambiada por el beso de la mujer más bella jamás apreciada por los ojos un sujeto humano y que el trato se cerró con un brindis de copas tan finas y musicales que aún puede escucharse con mucha paciencia y perseverancia los días más ruidosos del barrio.

     —Voy a prestar más atención este carnaval. Che…, que pasó con el muerto, el sicario y la mar en coche.

     —No lo sé, porque aún no escribí el final de la historia.

 


Gabriel Martín Cuvillas Pérez

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