¡FIN DE FIESTA DE CALÍGULA!

#Historias de la Historia - CALÍGULA - Terminado el 01.09.2021

He de referir que la historia que les contaré describe la última fiesta en la que el emperador Calígula, disfrutó del desenfreno, el erotismo y la gula de la forma más atroz.

Las fiestas que celebraba Calígula eran las más depravadas, las más sórdidas. En ellas el adulterio y las agresiones sexuales asomaban en cada habitación. 

 

Sobre una de las siete colinas sobre las cuales se construyó la ciudad de Roma, tenía Calígula sus Jardines de Lamiano. La vasta residencia se extendía hasta el Esquilino.

Tales jardines, deslumbraban tanto por su lujuriosa arquitectura como por su exótica naturaleza. 

En ellos, sobresalían las orquídeas, asomaban las terrazas, refrescaban sus fuentes, cautivaba una terma adornada de mármoles de colores preciosos provenientes de todo el Mediterráneo, y sorprendían sus innumerables animales exóticos. 

Aparecían colmados de estatuas como la del Lancelloti Discobulus (actualmente en el Museo Nacional de Roma), La Venus esquilina y un busto de Cómodo como Hércules (ahora expuetos en los Museos Capitolinos).

He de precisar qué, si bien mi amo se llama Cayo César Augusto Germánico, todos se refieren a él como Calígula, aunque no así en su presencia, porque detesta tal sobrenombre, considerándolo ofensivo. 

Cuando era niño solía acompañar a su padre Cayo César Germánico, en los campamentos en los que éste estaba destinado. Y su madre le vestía con un uniforme de soldado, que incluía unas pequeñas sandalias llamadas caligae, que solían llevar los soldados romanos. Por eso los soldados lo apodaron Calígula, que en latín significa algo así como "Botitas".

 

Las fiestas de Calígula eran una caricia para los sentidos. En ellas se cocinaban más de 160.000 animales, había juegos de gladiadores, cada vez más largos y sangrientos. Calígula disfrutaba comer con los manteles ensangrentados. 

La comida era servida en lujosas vasijas, mientras todos los invitados se arrellanaban en sofás hechos de bronce y marfil. Podían elegir comer langosta, faisanes, mariscos, y hasta pavo real. 

El banquete contaba con panes y manjares cubiertos con láminas de oro. Y se servía tanto vino como el que los insaciables invitados pudieran beber, era mezclado con agua, para alargar así el placer de la bebida.

Eran vinos secos, robustos, calientes, dulces. El defrutum, se cocía reduciéndolo a la mitad de su volumen, y después se guardaba en recipientes cerrados de plomo, que podían guardarse durante años. La ingesta excesiva de plomo provoca una intoxicación crónica que altera la personalidad, produce delirios y confusión. Calígula bebía mucho más de lo que bebía cualquier romano. 

Para mayor deleite de los comensales, se sirvió Salema o pez de los sueños. La ingesta de esta pequeña dorada rayada produce alucinaciones auditivas y visuales a las dos horas de haberla comido, y pesadillas lúcidas durante tres días. 


"Yo daría mi vida por ti en el circo", confesó Publio Africano Potito a Calígula.

"Mañana se cumplirá tu deseo", respondió, soltando una carcajada. Ordenó vestirlo como un animal para el sacrificio, con corona y guirnaldas, y mandó tirarlo por encima de la muralla de la ciudad.

 

Calígula se deleitaba bebiendo costosísimas perlas diluidas en vinagre, como Cleopatra.

 

"No hay nada en mi naturaleza que exalte o apruebe más que mi adriatepsia", farfulló, soltando una estridente carcajada en el oído de un señador, mientras tomaba de la mano a su mujer para ausentarse con ella en sus propias narices. 

Al poco, regresaba con la dama amoratada. Ante su marido y el resto de invitados, reconocía la gozosa experiencia que le había porporcionado su esposa, presumiendo de sus dotes amatorias. Recalcaba a continuación que si le hubiera desagradado, el marido tendría que divorciarse de ella. 

 

Aunque Calígula era un despiadado dictador, violento, vengativo y glotón; también era un gran orador, Le gustaba contar historias, y jactarse de su poder.

Recordaba como cierto día su abuela Antonia le reprendió por no inclinarse ante su autoridad, pero él le respondió altanero:  "Recuerda que todo me está permitido, y con todas las personas".

 

El payaso Mnester fue un invitado especial, y quiso, en agradecimiento, dedicarle su histriónico baile. Uno de los comensales cometió la imprudencia de hacer ruido mientras Calígula disfrutaba del baile. Lo llamó a su presencia, y delante de todos le azotó. En otra ocasión, por los mismos hechos, ordenó a un noble romano que partiera en el acto para Ostia y que llevara una carta al rey Ptolomeo, en Mauritania. La carta decía: "No hagas bien ni mal al que te envío".

 

En medio del banquete, nuevamente, hizo blanco de sus burlas al tribuno de su Guardia Pretoriana, Casio Querea. Éste era un hombre mayor, corpulento, pero con voz atiplada por una herida en sus genitales. Le llamaba despectivamente Príapo, "nena", afeminado y viejo cobarde... 

Recostado en el medio de la estancia, era común que se levantara y dijera "me acabo de dar cuenta de que podría chasquear los dedos y hacer que os cortaran la cabeza". A continuación comenzaba a reír como un demente. 

 

De madrugada, cuando ya todos estaban alcoholizados, se mezclaron aristócratas y esclavos en un festival de sexo colectivo.

 

Al día siguiente, un frío 24 de enero del año 41 d.C. abandonó los Juegos Palatinos, y entró en un pasadizo subterráneo para dirigirse a su Palacio, al que no llegaría con vida.

Estando solo en ese criptopórtico, apareció Casio Querea, del que se había burlado, y Sabino, a cuya mujer había violado. Le pidieron el santo y seña del día, y como era su costumbre les contestó con una obscenidad. 

Querea le hundió su espada en el pecho, y Sabino le seccionó el cuello. De entre las sombras surgieron más conspiradores y comenzaron a acuchillar el cuerpo de Calígula. Eran Senadores, Trivunos, e incluso uno de los libertos de Calígula... No se detuvieron hasta que su cuerpo quedó bañado en su propia sangre. 

Mataron a su esposa Cesonia, y a su hija la estrellaron contra una pared. 

Su cuerpo fue enterrado en secreto en los Jardines Lamianos.

Hay historias que aseguran que en esos jardines y en la casa donde le asesinaron, siguen resonando espantosos quejidos. 

 

 

 

 

 


MARIA JOSE R. CONS

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