Cuento: Libertad

Epígrafe: Gigante insaciable.
Una alegoría sobre América Latina.

      No se sabe con certeza cuándo comenzó, pero un gran águila emergió de los cielos. Su semblante era serio, sus alas azules, rojas y blancas destacaban entre las nubes y podían ser vistas por todos donde sobrevolaba, desde Tijuana hasta las Pampas. El primer impacto fue de admiración, ya que nunca se había visto algo tan grandioso y majestuoso. Los periódicos, sin saber qué decir, se sumaron a la ola de los místicos de turno que relacionaron la aparición de aquel pájaro gigante con su símbolo que representaba la libertad. En muy poco tiempo, todos los medios de comunicación decían lo mismo:
― ¿Podría ser esta la señal de que estábamos esperando la tan soñada libertad?
      Y durante días siguió sobrevolando toda América Latina. La gente, fácilmente influenciable y llena de fe en lo que decían los programas de televisión sobre ella, empezó a hacer camisetas, gorras, estatuas, e incluso se hicieron canciones en su honor.
Al cabo de unas semanas, la majestuosa águila comenzó a realizar pequeños aterrizajes que, por casualidad o no, siempre se producían sobre los edificios de las cadenas de televisión y los cuarteles del ejército. Y, a partir de entonces, la gente empezó a sospechar poco a poco de sus intenciones, pues allí donde aterrizaba se extendía el mal ― si era un edificio de transmisiones, se contaban mentiras, y si era un cuartel, el ejército de ese lugar marchaba por las calles y hacía daño a su gente.
      Lo que nadie sabía era que la intención de aquella águila no era llevar la libertad a ninguna parte, incluso porque no era más que un objeto en manos de una criatura cruel.
En una tierra lejana, al norte de allí, después del desierto de Chihuahua, detrás de las montañas heladas, siguiendo esa dirección, vivía un gigante que tenía una mirada ambición, la piel clara como la nieve, una gran barba blanca, llevaba un sombrero de copa y ropas con los colores del águila. Era este ser quien la controlaba.
      Desde el principio, el águila había ido reconociendo el terreno, la cultura y las debilidades de esos pueblos, para ir atacando poco a poco allí donde era más frágil y generar grandes conflictos, facilitando así el robo de los recursos que tanto necesitaba el gigante para sobrevivir, incluso a costa de la vida de miles de personas como consecuencia del caos que creaba.
      Se alimentaba de todo lo que tomaba de la tierra, pero no podía ser plantado por él, tenía que ser arrancado a otras personas. Su hambre insaciable llevó al águila a los grandes bosques, a las reservas de metales preciosos y, sobre todo, a los pozos de petróleo que estaban a la cabeza de lo que más le gustaba consumir. Las preciosas gemas se rompían con sus dientes y se tragaban con voracidad, y luego, de una gran taza, largos sorbos del antiguo y sabroso Petróleo.
Mientras todo esto ocurría y el pueblo sufría, en todos los periódicos y cuarteles se repetía el mismo discurso:
― ¡La democracia, la democracia, la democracia, sin el águila, no existiría!
Alguns tentaram se rebelar, mas em pouco tempo ela, que tudo via, descia dos céus e com suas garras cruéis os capturava e desaparecia com eles. .
      Y cuanto más comía y crecía el gigante, más hambre tenía. Desde la Pampa hasta Tijuana, chupó, devoró, comió y mató todo lo que pudo, hasta que no quedó nada.
No hace mucho, en los periódicos de Oriente Medio, apareció la primera noticia de un águila hermosa e imponente en los cielos.
― ¿Se trata de la libertad con la que tanto han soñado? ellos preguntaron.

Túlio Augusto Lobo

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