Bondad, dijo ella

Cuento infantil con moraleja, que permite cambiar preconceptos desde la ficción.

 

 

 

Bondad, dijo ella.

 

 

A la hora del crepúsculo acostumbraban salir los fantasmas que habitaban en los corazones de los vivos que tenían el alma muerta y los fantasmas de los muertos que ya se habían marchado, los que ya no estaban.

A este encuentro crepuscular, asistían sus espíritus, haciendo una danza ritual, bebiendo la sangre de algunos animales muertos  y brindando a la muerte -no a la salud- de todos los seres vivos felices e infelices. Danza espectral atemorizante y terrorífica, que erizaba la piel de aquellos, que por casualidad, podían ver a lo lejos, la tenebrosa reunión.

 

La  mayor "virtud" de los fantasmas era la envidia: se revolcaban de la ira en el suelo, porque alguien había logrado más que ellos, tenía algo que ellos codiciaran o anhelaran o lo amaran más que a ellos.

La venganza también estaba a la orden del día: el lema era desquitarse de todo, renegar por todo; la gratitud era una virtud desconocida para ellos.

 

Así se resume su modus operandi: el sentimiento mayoritario y común era como un cáncer, una rabia que los devoraba por dentro; de raíces profundas, de heridas no sanadas, de infancias atormentadas, de carencias afectivas que se reflejaban y proyectaban en su malsana mirada, de tristezas, de depresiones sin razón, de solitarias amarguras y dolores añejos que crecían con el tiempo y día a día, se profundizaban más y más enraizando hasta el mismo centro de la tierra.

Sus gafas negras les impedían que alguna nube rosa se colara entre sus ojos y el mundo; eran así, rastreros, vengativos y negativos.

Un día cualquiera, a la reunión habitual del Crepúsculo, llegó el fantasma de una niña recién muerta en un accidente automovilístico, que viajaba al hospital donde estaba su abuelo, gravemente enfermo.

Como no pudo llegar a verlo, a estrecharlo entre sus brazos y decirle cuánto lo amaba, estaba muy triste y en vez de renegar por su suerte, como era lo esperado, ella lloraba preguntándose si habría sido una buena nieta para ese querido abuelo, si lo habría mimado lo suficiente, si lo habría abrazado lo suficiente, si sus juegos le habrían prodigado tanta alegría como a ella y si le habría expresado el amor con la fuerza y claridad de un nuevo amanecer.

Los demás fantasmas la miraron extrañados y muy preocupados.

¿Qué podían hacer frente a esta niña tan rebelde y salida del formato de la envidia, el rencor y la amargura?

¿A qué psicólogo fantasma tendrían que acudir para extraer y extirpar del alma la semilla del amor tan arraigada en ella? 

¿Cómo resolver este complicado caso?

Citaron a una reunión extraordinaria de Crepúsculo.

Todos asistieron con sus largas sábanas blancas y con sus gafas negras.

Debatieron por largas horas y no hallaban respuesta, ni solución alguna.

De pronto, la niña, levantó su pálida mano y dijo:

–¿Qué tal, si son ustedes los que cambian el formato?

¿Qué tal, si avientan lejos esas gafas negras y vuelven al amor, semilla que les fue inoculada cuando nacieron?

¿Qué tal, si en vez de vomitar verde, deciden dar gracias por lo que vivieron, por lo felices que fueron, por el amor que les dieron? 

¿Qué tal, si decidimos amar? ¡Es más fácil amar que odiar! – exclamó.

Todos enmudecieron.

Y la niña, prosiguió:

– Mi propuesta no riñe con el quehacer fantasmagórico acostumbrado: podemos seguir asustando, arrastrando nuestros ropajes y cadenas por los pasillos y cementerios; cerrando y abriendo ventanas y puertas, ululando en las noches de tormenta, lanzando pelotas por el piso, aterrorizando detrás de las cortinas, pero ¡divirtiéndonos!

Es simplemente, cambiar el enfoque y el objetivo -dijo.

Nunca más levantaremos las camas del suelo, nunca más, ni golpes ni cuchillos que vuelan, no arrastraremos a nadie por los aires, ¡no más sangre!

Voto, por ser un dulce fantasma, que alegre con sus travesuras las vidas de nuestros deudos y que con nuestra presencia y juegos valoricemos las casas y castillos dónde habítemos.

Del silencio inicial, brotó un aplauso, que se fue propagando de uno en uno, hasta convertirse en una cerrada ovación.

¡Aprobado por unanimidad!

Pero, ¿cómo hacerlo?

Fácil, –dijo la niña– todos vamos a proclamar, en voz alta:

"Desde este momento declaro que

soy un fantasma bondadoso, no le haré daño a nadie, me divertiré y con mis pilatunas, picardías y juegos, brindaré diversión a los demás. Perdono, desde el fondo de mi sábana blanca, a todos los que me hicieron daño consciente o inconscientemente. Perdono todas las faltas de afecto; estoy seguro, que aquel que me lo negó, sufría en medio de una cadena de desafectos e incomprensiones. Perdono a todos los que se burlaron de mí, a los que no me amaron, a los que me traicionaron, a los que me quitaron y a los que me robaron. Pueden irse, no me deben nada y yo tampoco. Estamos en paz."

Dicho esto en un mágico coro de voces de ultratumba, se vio brotar un ectoplasma verde esmeralda por cada uno de los orificios de las respectivas sábanas, producto del odio acumulado, que condensado, ascendió al  cielo en medio de la noche azul.

Algunas personas que vieron a la distancia este fenómeno, lo confundieron con una aurora boreal extendida por todo el planeta.

Fue algo maravilloso e indescriptible.

Reportan algunos, que aquella milagrosa noche, los fantasmas perdieron más de la mitad de su peso, al liberar tanto odio y rencor y pudieron volar más leves y fluidos; desde entonces, los niños ansían tener un fantasma en su casa para jugar con ellos, los ancianos para conversar y tener compañía en sus últimos días, los solitarios, los poetas, los maestros, los estudiantes, las madres y los padres; en general todo el mundo, prefiere contar con un fantasma bueno en casa.

Ahora mismo, no existen disponibles y hay que ingresar a una larga lista de espera para poder recibir el privilegio de tenerlos cerca y pasar las maravillosas y alegres noches ideando divertidos juegos y retos con las almas que ya no están en pena, son almas en dicha eterna.

 

FIN

 

 

 

 

 


Silvia Luz Jiménez

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Comentarios
Silvia Luz Jiménez 33 semanas

Gracias por tu gentil comentario Walter. Un abrazo

 
 
Walter Granillo 33 semanas

Bellísima historia. Me encanta la vuelta que le has dado a un relato de fantasmas. ???