El callejerito

Te he contado que mi grillo me cuenta historias de jardín... chismes de plantas e insectos, pero nunca te he platicado las tantas aventuras que me compartió Simón un perrito callejero que me acompañaba camino a la escuela cuando era yo apenas un crío.
Simón era un perro parte pastor alemán, con algo de bóxer, todavía se asomaba algún rasgo de labrador heredado de algún ancestro remoto, un perro corriente y de la calle en resumen, con una nobleza superior a su bravura, de la cual daban cuenta cicatrices de fieras peleas, no sé calcular su edad, pero si te puedo decir que era mucho mayor que yo en años perro.
Simón me habló una vez de cuando le quisieron cambiar la libertad por una cadena y sobras del día anterior, lo metieron tras una verja, para custodiar las miserias materiales de algún avaro egoísta, le quisieron sacar unas gotas de lealtad a palos y con baños de agua helada, Simón que aquellos perversos llamaban "Brutus "  se cansó rápido de aquel juego e impaciente como estaba de responder al llamado de las calles a la primera oportunidad arrancó la tornillería que sujetaba la pesada cadena a una desvencijada pared de tablas viejas, la tacañería de quien lo tenía cautivo le había sido de gran utilidad.
No te sé decir si no lo mencionó o lo he olvidado, el cómo se libró de los eslabones, ya fuera por mano humana o divina el caso es que esas corbatas de hierro siempre le trajeron malos recuerdos.
A pesar de todo, de las palizas los baldes de agua los gritos y hasta las reacciones de miedo que tanto pesar le causaban, nunca perdió la capacidad de creer en las personas.


Obsidiano

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