Si no te lo vas a terminar

En uno de esos viajes a las tierras altas de Escocia

No se a santo de qué, el otro día me vino a la memoria uno de mis “transcendentales” viajes que hago a las tierras altas de Escocia, digo transcendentales porque me refiero al termino transcendente, del latín “transcendere", “término que designa aquello que se encuentra mas allá de los límites de la conciencia y del conocimiento” y es que cuando voy allí, lo hago para sentarme bajo un viejo y muy querido olmo y transciendo, vamos, que como decía Khalil Gibran, “un hombre se sentó ante un pared en blanco y a las dos horas se levantó mas sabio”. Pues eso, bajo el viejo olmo, con el único sonido de los graznidos de los cuervos que anidan en sus ramas, creo entender y adquirir un conocimiento de la vida mas allá de lo que ningún libro es capaz de enseñarme.
Pues decía yo que en este viaje iba solo en una auto caravana de alquiler y la noche antes de devolverla la pasé en el parking del polígono industrial de Perth, creo, no me hagan caso, tal vez era Sterling, no sé ahora mismo pero era ya cerca de Edimburgo.
Al amanecer, estudiaba un estupendo mapa de carreteras de estos que te enseñan las autovias que unen los pueblos y las ciudades pero que una vez llegas a los pueblos y a las ciudades no te explican como salir de ellas y enlazar con la autopista o carretera que debe llevarte a otra ciudad o pueblo.
En estas estaba cuando oí llegar el camión de la basura para recoger unos contenedores que estaban cerca de la caravana.
Ni corto ni perezoso salí a preguntar a los operarios si me podían indicar el camino hacia la autopista A9 que me debería llevar a mi destino y, se deshicieron en amabilidad y explicaciones, a pesar de ser las siete de la mañana de un frío sábado de diciembre y nevando.
Les agradecí su ayuda y me metí de nuevo en la casa con ruedas.
No habrían pasado ni dos minutos cuando golpean la puerta, abro y, el aparentemente más tosco y rudo de los dos - a dos grados y nevando iba en manga corta -, me ofrece dos hamburguesas humeantes, : "Nos las han regalado en el fast food del pueblo, cuando hemos recogido la basura, pero ya hemos desayunado en casa, tal vez a usted le vendrán bien y es una lástima tirarlas” me dijo, o eso creí entender, pues del Inglés de instituto al Escocés de la calle media un abismo.
Imaginad todo lo que pasó por mi cabecita en aquel instante, porque yo no lo sé describir, sólo se que al cerrar de nuevo la puerta se me escaparon unas lágrimas y, aún siendo vegetariano, me las comí.

Ya en el avión de vuelta a casa, mas tranquilo y en frío, pensé: Qué bueno sería que ciertos políticos, banqueros, y demás especies depredadoras, echaran unos días de trabajo con personas toscas, brutas y rudas como estas que se levantan a las cinco de la madrugada de un sábado de invierno a dos grados y nevando para recoger nuestra basura y que su primera acción del día es regalar su desayuno a un extranjero y desconocido trotamundos.
Si no te lo vas a terminar, para qué quieres más, o como dicen que dijo Gandhi: "lo que comes de más, se lo quitas a un pobre”.


Miquel Negre

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