Probablemente la valentía no se mida por batallas ganadas o por guerras perdidas; por campeonatos o pérdidas; la valentía va más allá de eso, la valentia se mide por intentos, por caídas, por terquedades, por sueños rotos e ilusiones en declive.
La valentía ha pasado a ser la compañera perfecta para los guerreros y los secuases, los románticos y los sensibles, los olvidados y los recordados, los mendigos y los ricos, los ignorantes y los sabios, los sabios y los torpes, los pudientes y los pobres, los luchadores y los que esperan en su lecho de muerte.
La valentía se ha transformado en la pre victoria, en el alarde de nuestros logros y en las lágrimas de nuestras decepciones; se ha convertido casi a la perfección en el complemento para seguir adelante y es que ser valiente es para quienes decidimos jugárnosla el todo por el todo, el día a día; con cada gota de sudor, casa empuje, cada arranque, cada sueño, cada despertar y cada amanecer.
Los valientes aún tenemos esa sonrisa en el rostro mientras por dentro estemos hecho trizas; los valientes estamos aquí, aguardando por esas pruebas, por ese último baile, esa última visita, ese último recurso y aun así, estamos por ese último adiós.
-CGH-