Ya no hay tierra firme que solicite mi presencia, no existen islas que desean ser ocupadas. Solo un mar que pretende ser dibujada, un océano que aclama ser historia. Las aguas verdes de Kataryan se tiñen de azul, y sus tierras cada vez más lejos están. Cada segundo en flote, es un minuto más de soledad. Incluso cuando el arte está en plena luz. En bote sobre el mar, junto a mi caballete, pintaremos las olas, hasta el final.

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