-¡Brida! dame la que está ahí colgada -le dijo mi padre al hombre del sombrero. Lo que estaba aconteciendo en la caballeriza lo observaba desde la ventana de mi habitación. A pesar de la suciedad del cristal, pude ver cómo, entre los dos, cargaban un bulto a lomos del caballo. Poco después, mi progenitor, desaparecía en el bosque. Antes de irse le había dado unas instrucciones a aquel hombre. Al escucharlas, su cara mudó de color tornándose blanca como la leche. Las cosas en casa no habían ido bien en las últimas semanas. Mi madre se había ido. Cuando preguntaba por su regreso, la respuesta era siempre la misma: nos había abandonado porque era una mala mujer. Sabía que mi madre nunca me abandonaria. Sin embargo, he de confesar ,que con el paso de los días empecé a pensar que mi padre podría tener razón. LLegó un coche, de él se bajó una mujer. La conocía. Desde que se fue mamá siempre andaba por casa. Me retiré de la ventana y me senté en la cama. Escuché unos pasos subiendo por la escalera. Sabía que era el hombre del sombrero. Abrió la puerta, tenía un cuchillo en la mano. Fuera se escuchó un grito de mujer y ruido de sirenas. El hombre estaba a escasos centímetros de mi cuando entró la policía. Lo abatieron. Murió agarrado a una de mis trenzas. #ddp306