La certeza hoy viene de la mano de las nubes y bien poca cosa es, casi un espejismo, pues todo parece estar camuflado, flotar entre dos aguas, en un aire terroso, en el que la luz tiene que esforzarse por abrirse camino. Se presagia tormenta, como si fuese a venir una plaga bíblica, quizá la melancolía tiñendo de rojo sangre las aguas en las que se sustenta el alma, que sigue buscando apartes, lugares en los que reposar y dejar que la mirada vaya develando el entorno. En este incendio interior me encuentro, como si las llamas quisieran consumir todo cuanto guardo en los adentros, presintiendo la noche de San Juan y sus hogueras, en las que arderán el dolor y las tristezas, la angustia toda, para tratar de renacer en el fuego que purificará las moradas en las que habita el aliento divino que recibimos desde el primer día en el que se consumó el sueño de Dios que somos.

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