Mi conciencia
La conciencia se asoma al precipicio, de rocas abruptas y aristas incisivas con la verdad, donde un salto mortal significa acabar en el mismo misterio de morir en el intento. La profundidad de dicha sima es una negrura espesa sin lunas ni estrellas que cimenten su cielo, ante tanta oscuridad la consciencia quisiera despegarse del suelo para alejarse de allí. Sus pies de barro moldeados por los años y sus estragos recalan en una tierra devastada por la ignominia de hombres endiosados por subirse a los altares de su ego. En una primera ojeada, la conciencia reconoce ese escenario de grandiosidad metafísica incomprensible

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